lunes, 17 de junio de 2013

Racimos


Sí, le digo a mi madre que voy a escribir un poco antes de acostarme, y sorprendida me pregunta sobre qué. Aquí me doy cuenta de que voy a escribir algo y no sobre algo, inicialmente. Y esa es la diferencia, porque la vida también es un poco así. Le estás buscando el sentido, la profecía, la causalidad, la retribución, y al final las cosas pasan independientemente de todo aquello que querríamos que estuviera detrás sosteniéndolo, ordenándolo invisiblemente, repercutiendo y niquelando.

Siempre pasan cosas, están pasando constantemente, y yo lo mínimo a lo que llego es a comprobar esta mutación, esta evolución polinizadora; y más que encontrarle sentido a la vida hay que darle sentido, supongo.

La semana pasada estaba en una situación muy diferente a la que estoy ahora, y si sigo así supongo que lo que escribo hoy es una crónica de lo que habrá sucedido cuando lea esto la semana que viene. Pues bien, esta semana ha sido un epicentro de respuestas a esas preguntas que se encontraban suspensas en el aire durante la anterior. Nunca pensé que iba a responderlas tan rápido, tan directamente. Pero tampoco que en tan poco espacio de tiempo fueran a surgir más preguntas.

¿Qué voy a conseguir con esta nueva confianza en mí misma? La verdad es que ya no persigo nada, simplemente el ir haciendo poco a poco, superando pequeños obstáculos y obviando los grandes. Y la gran sorpresa de esta semana, que es la que siempre me brinda la vida cuando me encuentro bien, es la de ver puertas abriéndose a mi paso, el perder el miedo, el sentir curiosidad, en seguir amando lo que me gusta, lo que anhelo, y poder continuar nutriéndome de ello sin que se trate de materia finita.

Esta semana voy a respirar el aire fresco y caliente y voy a concentrarme en escribir a primera hora, trabajar en el resto de las cosas durante el grueso del día y leer por la noche. Quiero ver cómo se mezclan los aromas de los racimos abiertos.

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