Una caja de jueves. Una caja desmedida que deslumbra con su sonrojado. Un perfil higiénico que corta el viento investido de fuego y pasión.
Una prenda que ofreces en el aire, sin redoble, al mecerse en una melodía reconocible. Qué lentamente se llega a la otra orilla a nado a pesar de la opacidad del fondo marino.
Llevo miles de kilómetros desprendidos de mis dedos, y me emboscan en búsquedas sin nombre. Anido ajena en la gruta de los nombres, íntima en mi propia inmadurez.


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