Hoy, martes
Bien, ¿qué tal? Podría decir que mucho mejor. He tomado una decisión molto importante: volver con el Lamictal y el Elontril. La verdad es que esta mañana muy temprano me sentí fatal, podía sentir el vacío dentro y fuera de mí, ese vértigo cercano a la fosa mientras al mismo tiempo veía perfectamente la profundidad y negrura que existe ahí. La negrura, sí, era lo que más mal me estaba haciendo. Es una negrura difícil de definir, de explicar: una especie de humo sólido, un entramado que te araña y te hace trizas la esperanza. El problema es que tampoco podría describirla; tan potente es que te deja sin habla, te atrae magnéticamente hacia sí y no te permite diseccionarla porque te tiñe todos los sentidos de húmeda melancolía, de escalofriante angustia. Es fría; la mejor manera de definirla: es fría.
Es difícil luchar contra una enemiga que te coloniza, que te atrae a su seno y te envuelve para que respires parte de su materia. La fuerza de voluntad es vana porque la sensación es tan asquerosa que no existe valor ni capacidad de expulsarla: es como un virus que se propaga por tu sistema exponencialmente, una energía muy parecida a la Hyène, y te quiere despoblar, esquilmar, secar, tragarte .
Y esta mañana me ha quedado claro que no quería que la negrura convirtiera mi cama en una mortaja, el aire en un asesino cóncavo de acero, la vida en una margarita que se deshoja rápidamente para luego secarse y convertirse en algo lóbrego, manchado, mancillado. La verdad es que todo era demasiado para mí, y he tenido que gritar basta.
Bien, he sacado el antídoto para la negrura y los efectos son inmediatos, pero eso no es suficiente. Estoy tomando medidas para deshacerme también de los efectos indeseables de ese antídoto ya que son éstos los que me estaban haciendo querer prescindir de mi arma secreta. Voy a tomar NAC, aguantar el tirón, y suplementar mi cerebro con colina. Todo esto estoy segura de que me va a ayudar a seguir en mis cabales y disfrutar un poco más de la vida que de costumbre, porque eso es realmente lo que quiero. Sigo cuidando mi higiene del sueño, casi de manera militarizada, apagando la luz a mi hora como en un cuartel, y sigo con el despertador del amanecer y mi luz diurna.
(Estoy comenzando a sentir los efectos mucolíticos del NAC, y tengo 95 de nivel de oxígeno. Puedo escribir otra vez, puedo intrigarme con los sucesos de la vida. Tengo la mente un poco fuera de órbita, cometo errores tontos, pero espero que todo esto mejore también.)
Bien, ¿qué tal? Podría decir que mucho mejor. He tomado una decisión molto importante: volver con el Lamictal y el Elontril. La verdad es que esta mañana muy temprano me sentí fatal, podía sentir el vacío dentro y fuera de mí, ese vértigo cercano a la fosa mientras al mismo tiempo veía perfectamente la profundidad y negrura que existe ahí. La negrura, sí, era lo que más mal me estaba haciendo. Es una negrura difícil de definir, de explicar: una especie de humo sólido, un entramado que te araña y te hace trizas la esperanza. El problema es que tampoco podría describirla; tan potente es que te deja sin habla, te atrae magnéticamente hacia sí y no te permite diseccionarla porque te tiñe todos los sentidos de húmeda melancolía, de escalofriante angustia. Es fría; la mejor manera de definirla: es fría.
Es difícil luchar contra una enemiga que te coloniza, que te atrae a su seno y te envuelve para que respires parte de su materia. La fuerza de voluntad es vana porque la sensación es tan asquerosa que no existe valor ni capacidad de expulsarla: es como un virus que se propaga por tu sistema exponencialmente, una energía muy parecida a la Hyène, y te quiere despoblar, esquilmar, secar, tragarte .
Y esta mañana me ha quedado claro que no quería que la negrura convirtiera mi cama en una mortaja, el aire en un asesino cóncavo de acero, la vida en una margarita que se deshoja rápidamente para luego secarse y convertirse en algo lóbrego, manchado, mancillado. La verdad es que todo era demasiado para mí, y he tenido que gritar basta.
Bien, he sacado el antídoto para la negrura y los efectos son inmediatos, pero eso no es suficiente. Estoy tomando medidas para deshacerme también de los efectos indeseables de ese antídoto ya que son éstos los que me estaban haciendo querer prescindir de mi arma secreta. Voy a tomar NAC, aguantar el tirón, y suplementar mi cerebro con colina. Todo esto estoy segura de que me va a ayudar a seguir en mis cabales y disfrutar un poco más de la vida que de costumbre, porque eso es realmente lo que quiero. Sigo cuidando mi higiene del sueño, casi de manera militarizada, apagando la luz a mi hora como en un cuartel, y sigo con el despertador del amanecer y mi luz diurna.
(Estoy comenzando a sentir los efectos mucolíticos del NAC, y tengo 95 de nivel de oxígeno. Puedo escribir otra vez, puedo intrigarme con los sucesos de la vida. Tengo la mente un poco fuera de órbita, cometo errores tontos, pero espero que todo esto mejore también.)

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