Me dejo mecer por las puntas imprecisas de la noche. Es una noche de papel fosilizado, una noche exasperada por el retraso, una noche cóncava en la que concurren múltiples misivas. Para que la noche arda con mensajes han de aventarse los fuegos fatuos de este mes serpentina, de este mes que es un cajón de sastre, un comodín exprés, una puerta giratoria entre mundos. Este mes asombrado y cambiante, este mes anfibio, destemplado, sacudido con interrogantes que ensayan maneras de ver.
Un mes que me arroja desubicada a los márgenes, interpelando a los minutos, en busca de esperas. Un mes mestizo que retiene entre sus escamas las incógnitas sin desvelar de otros meses y las carga en su ADN.


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