jueves, 25 de junio de 2015

Sublime asfixia


Me dices que tengo que perseguir y horadar el origen y el trazo del respirar diario, sus caminos y veredas por el espacio intercostal, el crepitar del oxígeno en su proceso de ósmosis con la sangre, los rastros del exhalar e inhalar zigzagueantes y quebrados como vuelos de gaviota. Debo encontrarme y perderme en el redimir continuo, en el dolor óseo y punzante encasillado en mis pliegues dorsales. Que mi alma rechine en los hormigueos sordos del acompañamiento del cuerpo en la ingesta de aire, cuerpo que como una sombra se bandea en el espacio entre mí misma y los límites de mi carne, mientras se apodera de mí esa sensación tan cotidiana de ahogo, de asfixia. 

Y todo ello finalmente, sí, se sublima. 

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