¡Qué difícil se me está resultando todo! Intento adaptarme de alguna manera a esta situación, pero no tengo claro la forma de hacerlo. No tengo trabajo, no tengo casi energía mental, no me relaciono casi con nadie, no salgo de casa. Aún así tengo la sensación de que hay cosas que quiero contar que no consigo expresar. Tengo que reconocerlo: me encuentro en una pequeña prisión. Es la prisión de mi mente, de las circunstancias y de mi entorno. No sé qué puedo hacer para crecer. Ahora simplemente tengo miedo de mi comportamiento socialmente. Creo que podría meter la pata, decir cosas que sorprendan o que terminen ofendiendo. He perdido la confianza en mí. Y creo que en esta vida no es posible hacerlo todo sola. Y estoy aislada y desprotegida.
Tengo ganas de poder actuar, que mi vida no sea simplemente esperar a todo. Pero no sé qué hacer. Me gustaría que mi inteligencia me guiara, que este cuerpo se movilizara con las órdenes de su mente, pero esto no es así. Hay una parte de la mente que no quiere el movimiento, no quiere pensar, no quiere solucionar, y me mantiene estancada en la inmovilidad. En vano he esperado ayuda para desatascarme, por lo visto, no puede venir de fuera. La ilusión que he tenido en mi relación se ha desvanecido por completo. Ahora I. sigue su camino, y de forma lejana está vinculado con el mío, pero seguimos destinos diferentes. Sólo me queda el consuelo de saber que le he dado muchas cosas buenas. Pero ahora estoy sola.
No sé qué hacer con mi vida, y tengo una vida entre las manos. Es una responsabilidad muy grande. Hasta ahora he emprendido acciones que llenaban esta vida, que aseguraban su futuro, ahora ya no tengo nada de eso. Tengo la esperanza de una medicación que a medio plazo me pueda funcionar. Nada más. Es una situación de impotencia terrible.
Tengo ganas de poder actuar, que mi vida no sea simplemente esperar a todo. Pero no sé qué hacer. Me gustaría que mi inteligencia me guiara, que este cuerpo se movilizara con las órdenes de su mente, pero esto no es así. Hay una parte de la mente que no quiere el movimiento, no quiere pensar, no quiere solucionar, y me mantiene estancada en la inmovilidad. En vano he esperado ayuda para desatascarme, por lo visto, no puede venir de fuera. La ilusión que he tenido en mi relación se ha desvanecido por completo. Ahora I. sigue su camino, y de forma lejana está vinculado con el mío, pero seguimos destinos diferentes. Sólo me queda el consuelo de saber que le he dado muchas cosas buenas. Pero ahora estoy sola.
No sé qué hacer con mi vida, y tengo una vida entre las manos. Es una responsabilidad muy grande. Hasta ahora he emprendido acciones que llenaban esta vida, que aseguraban su futuro, ahora ya no tengo nada de eso. Tengo la esperanza de una medicación que a medio plazo me pueda funcionar. Nada más. Es una situación de impotencia terrible.

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