Querida I.,
Te escribo porque sigo sin saber de ti, y me duele profundamente. Esta ya es otra carta que no te voy a enviar, y mientras siento cómo se acumula mi dolor ahora veo que se desborda, y que sin pensar en ello las lágrimas se precipitan desde mis ojos como una especie de exudado que intento controlar, pero no puedo.
Necesito saber de ti y tengo partido el corazón. Te siento muy lejos, y esto realmente parece una copia perfecta de un cliché, pero es así. No puedo hablar con nadie sobre esto, tal vez con N., pero no sé en qué contexto lo podría hacer. No puedo estar en un sitio público y hablar de esto, y en mi casa no creo que podamos quedar, aparte de que está muy ocupado con A A. le basta con verme semana tras semana, y si una semana no estoy bien, ya sabe que a la siguiente las cosas habrán evolucionado, las emociones están ahí y hay que gestionar cómo te sientes. A él el dolor le parece un síntoma más de nuestro estado general.
Sé que es algo lejano para ti, entre otras cosas porque necesitas centrar tu atención en tus cosas, pero yo sí estoy más en lo nuestro, me levanto y me acuesto así. No puedo decirte las cosas en una frase (yo sé que a ti no te gustan las frases largas), es difícil, hay muchos sentimientos. Me gustaría cristalizarlos todos en una única emoción y llevarla en mi bolsillo acariciándola y prestándole mi atención sólo de cuando en cuando. Intento engancharme a un libro pero por ahora no ha sido posible.
Estoy escribiendo, pero esta mañana sólo he podido comenzar una carta imposible. Supongo que hay muchas otras cosas de las que puedo escribir que no se sumerjan en este tsunami de sentimientos hacia ti, y tampoco quiero que me sepulte a mí como yo lo he hecho contigo, quiero salir a la superficie a respirar, pero aunque a veces lo consigo, estas corrientes subterráneas me atrapan y me hunden hacia abajo. Seguro que Alberto piensa que hay que bucear por allí abajo, yo lo he intentado también pero al cabo de un rato de ver el tiempo pasar me siguen asaltando emociones muy dolorosas. No sé cuánto tiempo va a durar esto. En el fondo ya sé que van a ser meses y meses, y aunque debería ser valiente y aceptarlo, me rebelo y me siento muy desprotegida y sola.


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