domingo, 29 de diciembre de 2019

Ese día

Están pasando los días y no escribo mucho porque me dejo absorber por todo este lío vacacional y festivo. Lucho por seguir encontrando mi espacio, pero no es tan fácil, aunque entre medias voy descubriendo nuevos ámbitos y resquicios. Ayer en la exposición de Van Gogh medí el alcance de un alma atormentada por la enfermedad de la pena, y la necesidad de salir adelante y de expresarse a pesar de todo. El fuego de la necesidad de crear que también me devora y gracias a él puedo todavía salvarme y ser yo misma, aunque a veces parezca anodino y mediocre, y tengo que forzarme a repeler la resistencia que tengo a producir material que no parezca que valga la pena. Pero siempre la vale, a pesar de los miedos. 

Hubo una temporada que escribí durante dos semanas en un libro rojo, y cuando leí lo que había escrito no encontré nada interesante, o casi nada, y llegué a la errónea conclusión de que eso era así, que podía escribir durante meses y no poner nada de interés y el temor resquebrajante y helado de que tal vez no valía la pena se apoderó de mí. Este recuerdo es un referente que tengo cuando a veces no quiero escribir, o estoy demasiado cansada o bloqueada. Pero es un referente que no tiene validez, y que es resultado de un injusto momento de frustración. A saber cómo me encontraba yo ese día. 

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