Aquí estoy ahora en sábado. Ayer tuve un día en el que he pensado mucho sobre la procedencia de mis estados de ánimo, su variabilidad, sus transiciones, y hoy quiero poder profundizar y ver si puedo tener las cosas más claras. Sigo sin ver claro si voy a leer o no, pero lo que sí voy a intentar es centrarme más en las cosas que hago, poner toda mi atención para maximizar la capacidad del cerebro de crear circuitos positivos, brindar a la tarea lo que se necesita, acariciar el subconsciente con buenas vibraciones. Sé que hay veces que puedo sentirme más acompañada conmigo misma, como si hubiera unas manos acariciándome.
Ahora necesito mi tranquilidad, un tiempo para mí, lo noto cuando no he podido arreglarme las ideas mentalmente y mi cabeza ha estado ocupada. Es curioso cómo hablamos siempre de la cabeza y no del corazón o de la persona, simplemente. Porque ¿dónde está nuestro centro, y por qué siempre lo buscamos? Qué maravilla que el arte haya encontrado en el corazón la localización de los sentimientos.
Creo que vale la pena escribir todos mis pensamientos a medida que vayan sucediéndose. Es una forma de validar lo que siento y de liberar a mi subconsciente. Estoy mirando los mensajes de correo electrónico porque siempre parece que espero que algo maravilloso me suceda, que alguien se ponga en contacto conmigo y comience una aventura increíble. Pero la aventura está sucediendo ahora mismo: con este cuerpo y estas manos y piernas. Pronto podré compartirla con la persona adecuada.


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