Aquí estoy, en un entorno un poco desenfocado. He llegado a la conclusión de que no debería dispersarme tanto, y que voy a trabajar en mis piezas artísticas. Es difícil plantearse con claridad el por qué de todo ello. Pero si no lo hago, no me siento completa. Y ese es un motivo como otro cualquiera, en realidad.
Estoy investigando sobre los elementos del ego, y qué cosas son las que me hacen movilizarme. Lo primero que tengo que entender es que me preocupo sin motivo alguno. Esa es la realidad. Tengo todo el tiempo a mi disposición, y lo que hago es preocuparme, cuando lo que debería hacer es trabajar en mis vídeos y enseñarlos. No es mucho pedir.
Últimamente estoy un poco decepcionada con la forma en que algunas personas me han respondido. Pero tengo que tener en cuenta que no sé nada sobre sus vidas, sus líos, sus circunstancias. Y yo ya he pasado este momento en el que quería demostrar algo. Ahora creo que es mejor profundizar en mi propia savia, retomar el trabajo que dejé inerme hace tiempo, y reconectar.
Y también volver a la lectura. No lo parece, pero el otoño está al caer. Ya me siento como si estuviera preparándome para ello. Es un otoño en el que tengo que estar menos presente en las redes sociales y menos angustiada por las oportunidades que existen. Y simplemente centrarme en mis propias creaciones, que seguro que encontrarán oportunidades para salir adelante por sus propios méritos.
No puedo apoyarme sólo en una pierna, tengo que usar las dos. Siento que cuando salgo mucho, hay una parte de mí que se encuentra separada. Y que se pone en marcha para buscar un espacio en el exterior, en vez del interior. Creo que he de seguir llevando a cabo actividades y nutrirme con ellas, pero es verdad que tengo todo el tiempo del mundo, y no parezco darme cuenta.
Con respecto a la escritura, ya veo que tengo un portal en el que depositar mis experiencias y mis impresiones. Debo mantenerlo abierto.

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