Empiezo el blog de este año con muchas ganas de continuar, y me he propuesto hablar en presente de lo que me sucede, y no hacer planes porque hablar en clave de futuro me sitúa en un espacio resbaladizo y me aliena del ahora, aunque no es lo mismo que el ahora mismo, claro, que sí que me voy a permitir de vez en cuando.
Ahora me siento por un lado más entera y por otro vulnerable. Albergo ciertos miedos: que todo vuelva a ser lo mismo, que lo que me proponga se quede a medias, o, peor aún, que no arranque; seguir sola y que me afecte. A esto se ha unido el no haber conseguido todavía que mi estómago vuelva a la normalidad.
También tengo miedo a que los días se sucedan y me quede con el mal sabor de boca de no conseguir remontar, o de volver al nicho, al desgaste, al bajón, al remanso donde veo la vida pasar de largo.
Es increíble sentir todas estas emociones y continuar de pie, intentándolo. Es una lucha titánica entre mis deseos y mis realidades y mis miedos. Hay cosas que intento que no me ayudan del todo, y vuelvo a irme a la cama con la sensación de alivio de poder descansar unas horas al menos.
Hoy he tenido una pesadilla, y Manuel me ha despertado con sus bigotillos. Creo que me ha visto dar vueltas porque normalmente no lo hace. Me ha dado mucha ternura.

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