martes, 2 de agosto de 2022

Subconsciente

He decidido escribir un rato con la ayuda de imágenes que me hagan explorar los vergeles del subconsciente. 

A veces recuerdo que durante mi vida ha habido miles de personas que han hablado conmigo, que han compartido, que me han mirado a los ojos, con quienes he intercambiado mucha información. Ahora quiero borrar esto que he escrito, porque no quiero pensar en el pasado, quiero moverme con frescura por los momentos que transito, pero es un pensamiento lúcido que he tenido, y quiero conservarlo un poquito más antes de borrarlo de mi consciencia y de la pantalla. 

Pienso mucho en las miles de maneras de hacer las cosas, en las técnicas disponibles, en personas que se ponen manos a la obra y que con un objetivo consiguen hacerlo. He tenido objetos entre mis manos y he conseguido modificarlos, y creo que eso ha significado también el conseguir cambiar, alterar una emoción de fracaso que en su momento no pudo sanar con comprensión, fe o esperanza. 


Y a veces las emociones negativas simplemente pueden esfumarse, no es necesario enfrentarse a ellas en un duelo desigual. A veces simplemente pasan por el cuerpo, despiertan la alarma de manera leonina, y continúan patrullando silentes hasta que haya necesidad de resurgir de nuevo. Es la emoción de la ira, que a veces da miedo porque es la emoción de la guerra, de la destrucción, pero no es más que un sonido muy vehemente, muy alto que, sin embargo, puede autoregularse. Lo quiero decir con convicción porque en ocasiones he podido ver que era así.

Y esta otra imagen me recuerda que es posible copiar cualquier cosa que nos guste, sólo hay que fijarse. Si no surge algo de forma natural, el poder que tenemos es de nuestra atención, de fijarnos, incluso antes de comprender, o cuando no se entiende algo, podemos fijarnos. No sé por qué, también me sugiere cierta tristeza. 

Aunque siento que estoy un poco vulnerable a emociones durante el día de hoy. Las citoquinas han salido a defenderme, ya que hablábamos de reacciones agresivas, y han rezumado emociones que están allí y que se reciclan de vez en cuando. Lo bueno de todo esto es saber que esas emociones luego siguen su ritmo biológico, y no tienen que dejar huella. Son naturales, son las que intentan acompañar y regular un organismo que necesita reconfortarse a sí mismo. El problema es cuando se interpretan de manera cognitiva. 



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