martes, 28 de mayo de 2024

Verdor


Hoy me siento mejor, algo más capaz, más abierta, y he hecho una cuantas cosillas pequeñas a raíz de proponerme hacerlas. Quiero que mi vida sea eso, la capacidad de llevar a cabo acciones, de crear espacio en mi mente para ellas, poder movilizar mi cuerpo para hacerlas y albergar en él suficiente energía física y mental. 

Quiero empezar a hacer cosas que me resulten posibles tanto a corto como a largo plazo. Cuando esté mejor, iré poco a poco llevando a cabo pequeños planes que se enlacen en el tiempo, y que tengan repercusión en mi futuro, lo que también afecta a mi familia. Aunque ahora mismo no lo sienta, tengo capacidad de vivir una vida plena, sin miedos que me paralicen, ni ruido mental permanente. 

Creo que voy a tener ayuda, y varias estrategias. En primer lugar, concentrarme en lo que esté haciendo. Eso me ayuda. Tengo que ver a mi mente como una extensión de mi cuerpo, y tenerla en cuenta en cada momento. Mi mente no es una muñeca rota y averiada, es mucho más que eso, y tiene el potencial de ser un pequeño ecosistema florido y vivo, repleto de colores que brillen y destaquen su vitalidad. Incluso ahora, si hago una visualización con los ojos abiertos me imagino que mi mente es un misterio repleto de potencial, y le tengo que dar salida con el conocimiento que tengo de ella. La he estado empujando a hacer cosas que no podía hacer, y ella se ha resentido y me ha dicho claramente que no podía con la carga que le estaba imponiendo. 

Ahora, la pregunta que me hago es ¿qué cosas maravillosas podría conseguir si me adapto a la forma de ser de mi mente y le hago justicia, me escucho sin dejar de querer superarme, pero sin artificios? Sería la primera vez que tirara hacia adelante sin furia, sin rabia, sin necesidades ficticias, con el corazón, en vez de ir a bocajarro. 

Podría convertirme realmente en alguien inteligente, porque utilizaría mis emociones y mis sentimientos para realizar la labor de hilar una vida, de llevar a cabo múltiples celebraciones silenciosas en cada acto. 

Y será una manera de liberar el miedo que me rebosa en estos instantes. Y acallar la ansiedad de manera pacífica. Estas dos emociones son muy fuertes y muy intensas, pero tal vez esconden joyas hasta ahora sin pulir, sin monstrar. Esa energía vital que engulle la ansiedad, y que al mismo tiempo la crea es la energía del día a día, la que permite mirar, disfrutar, visualizar, interpretar, soñar. Y es cierto que no todo son acciones, no todo es el futuro, no todo es prevención de riesgos. Cuando la ansiedad y el miedo vuelven al sitio que les corresponde, podríamos tener visitantes muy diferentes. Y permitir que el ánimo se arrime a la ilusión, al verdor, a la tranquilidad.
                                                       

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