viernes, 9 de abril de 2010

Alquitrán de tinta marina


Mirar atrás para mirar adelante, saltar y tocar fondo, nadar desde el punto final al puerto con el agua recia, en escamas añil pálido y denso, gélida y tú llena de calor contra más frío.

Nadar sin poder agarrarte a las olas que parecen de fin de playa, aplanadas, sin apenas espuma sino algo así como un conglomerado de pequeñas pepitas de cristal.

Respirar hondo, evadirte, escapar, caer sin miedo, enfrentarte (sin necesidad de tener valor) a un plato gigantesco de agua.

Todo le mundo se movilizaría, intentaría salvarte, detenerte, sacarte de allí; pero no quiero a nadie, nunca he querido a nadie. Me ahogáis.

No tengo que ser una boya flotante, no necesito ladearme de un lado a otro para que sintáis seguridad, para no daros miedo. Buscaré mi propio claro en las nubes, con mi espacio a solas, más soleado, aunque sea una vez cada veinte minutos o cada cuarenta.

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