
O yo estoy ciega o se han apagado las luces. Pienso mientras escudriño la pantalla con mis párpados forzadamente soliviantados. Utilizo la tecla fn y consigo que mi fotofobia me desvele durante unos instantes. Ni una cosa ni otra.
Comienzo una nueva entrada sin haber visualizado las metáforas. Odiaría repetirme a mí misma de nuevo.
Se está volviendo considerablemente tarde y hoy no he cumplido con el programa que establecería para mí misma si el caos no contemplase miserablemente todo. Debería alunizar en la realidad, pero casi llegaría a la conclusión ahora de que aunque creo que vivo en las nubes en realidad me marchita la calumnia de la realidad más cohartante. Esto sin duda se convertirá en materia de estudio para más adelante.
Estoy llegando a la conclusión de que no soy sino una pobre adicta sin adicciones. A estas alturas, si yo fuese alcohólica, me estaría atormentando la cirrosis. Porque no puedo reaccionar sin dopamina, sin hacer o por lo menos imaginarme con fidelidad a la imagen aquello que me gustaría hacer. Tiendo a hacer las cosas que me apetecen, que me apetece hacer, que no son muchas, y me motivo sobre todo con aquellas cosas que quiero hacer en un momento dado, aunque no sean útiles, ni trascendentes, ni siquiera adecuadas, ni siquiera para mí.
Me levanto trasnochada con una especie de inherente resaca en forma de andrómeda, una sensación paralizante que ejecuta su maleficio castrante. Hoy he tenido un poco de vida cuando se me ha ocurrido una idea que me ha hecho salir a la calle. Sin esa idea no hubiera salido. Después me he liado con el programa PADRE y la declaración de la renta, y llego a la conclusión de que lo he hecho y me he metido en ello hasta los dientes porque me iban a devolver una cantidad considerable de dinero. Ni siquiera se trataba de frikismo esta vez. Qué lástima.
Sé que hay algunas cosas que no hago y que me vendrían bien porque de hacerlas me encontraría mejor. Pero son más bien pocas. Aquellas que se me ocurren ahora mismo no son en realidad una solución a nada, sino más bien las que se me van ocurriendo por el camino. Aquellas que son alcanzables, cotidianas, sensatas, pequeñas, considerablemente, benévolamente cercanas.
En realidad hoy no quería acostarme con una sensación de repugnancia de mí misma, ni siquiera de realismo rosado. Quería saber lo que estaba pasando, pero no he tenido más remedio que darle cordelillo a mi subconsciente, y esto es lo que sale. No tengo más remedio que dejarlo salir, cualquier otra cosa apesta.
Me molesta, me inquieta estar escribiendo para un público que no quisiera que me encontrara. No sé qué impresión doy, quisiera abstraerme y no preocuparme por eso. Pero es algo más fuerte que la voluntad, se trata de una creencia, de un convencimiento. Creo que la web incluye y no excluye. Si excluyera la lectura me excluiría a mí misma. Si tuviera que poner una contraseña ya no formaría parte de ...
A nivel de la lógica de la navegación y la abstracción sobre cómo funciona la privacidad en la red no tendría sentido. Por un lado nadie sabe lo que lees, con lo que lo público se convierte en privado, íntimo. Y por otro lo que publicas no debería leerse pero se convierte en público. Y son esas dos esferas las que colisionan y crean esta experiencia que a medida que se funden las horas es completamente biónica, como las personas que aman a su televisor o a sus vaqueros. Es más que una querencia: es una comunión del subconsciente, de lo automático y lo digital - entendiéndose por tus dedos en movimiento.
Es la misma técnica y realidad que hace que un camionero trabaje durante horas y horas haciendo kilómetros, tal vez sin darse cuenta. O cuando se alimenta una compulsión. Y cuando te mezclas con aquello que haces hasta que eres lo que haces y haces lo que eres, y nada de esto en ningún orden en concreto. Es lo mismo que cuando hablas dos idiomas a la vez, porque ya no sabes reducirte o esconderte de ninguno en concreto. Como cuando ya no puedes hacer más de una cosa a la vez pero sí pensar en múltiples cosas, aunque sólo sea de forma lateral o mezclada más bien.
Es cuando en realidad lo que vale es el teclear de un teclado, los golpes sintomáticos que tras un rato largo parecen de madera sobre una escala de piano imaginaria de presidiario. Pero el tic tac tac tac tac te crean un ritmo que sólo percibes como cuando te das cuenta de que respiras.
Es el hacer algo y darte cuenta de que haces algo aunque en un principio no tenías ni idea de que estabas haciendo algo. Como cuando me levanto y empieza el día, y comienza a hacer algo y yo no tengo ni idea de lo que es.
July 2027 Paris conference features To the Lighthouse
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Oslo in June. Paris in July. And Virginia Woolf at both. Next year two
international conferences focused on Virginia Woolf will be held in Europe.
The firs...
Hace 2 días

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