jueves, 8 de abril de 2010

Desayuno


No es fácil contar tantas cosas. Aquí estoy, casi las cinco de la mañana, esperando a que mi cuerpo y mi mente se quieran recoger, pero quiero escuchar música, leer más, quiero albergar estas lágrimas contenidas de champán y convertirlas en ganas de vivir.

Quiero vivir con ella, encontrarme con ella, crearnos y vivirnos. Tenía razón: me voy a quedar con las ganas de estar con ella esta noche.

Por un lado me siento muy viva y por otro preocupada. Me siento culpable de hacer reflexiones cuando ella está sufriendo tanto. Es como ir contra corriente conmigo misma.

Finalmente parece que el sueño me ha alcanzado, y me siento que todavía estoy a medio hacer. Me gustaría que el día no fuera un simple pasatiempo o un ensayo general constante. Entregarte a ti misma la libertad no siempre te lleva por una cascada de gloria. He tenido múltiples momentos para escribir hoy y no los he aprovechado porque mis pies me llevaban a algún lugar, porque tenía que escuchar a otras personas, porque mi cabeza estaba llena de quehaceres. No he podido alcanzar la palabra, el concepto, al igual que si no hubiera sacado mi cámara tampoco hubiera sido capaz de atrapar la imagen cotidiana y fugaz delante de mi lente.

No consigo comunicarme al completo, quiero llenarme la cabeza de la imaginación de otras vidas, de vidas que me llenen de soslayo. Me gustaría no tener que decirlo todo.

Podría ser el momento perfecto para desayunar, pero me lo voy a perder porque no he comenzado el sueño todavía.

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