Comienzo el día escribiendo y como siempre mi parte consiste en un fuerte dolor de cabeza y sensación de náusea. Me levanto con neuropatía en las plantas de los pies y demás maladíes, pero sé que me encuentro más fuerte gracias a la bici, por sus correrías en ruedas por el barrio.
Finalmente he conseguido el informe médico de la psiquiatra de la que me voy a desligar ipso facto. Llevo dos años intentando hacerlo, y ayer al recibir el informe me quedó todavía más claro. El informe es sobrio, con la información que yo misma le di el primer día, y poco más. Tiene una equivocación fuerte de fondo: precisa que no he tenido hipomanías (le informé de ellas de forma prolija, de hecho le manifesté en su momento que era lo que más me preocupaba y lo que había arruinado mi vida, más que las depresiones o los periodos de deterioro cognitivo).
Por otro lado omite o no diagnostica, a pesar de mi insistencia en ello, que padezco de ciclotimia, y sí, virajes rápidos. Tampoco su insuficiencia y falta de sensibilidad para informar y ayudarme a paliar los múltiples efectos secundarios de la medicación, lo que me forzó a investigar por mi cuenta. O sea que su juicio sumarísimo estaba lleno de gazapos. Sin embargo, su criterio hizo que el jefe del califato de salud mental de Modesto Lafuente me denegara el cambio de especialista solicitado, a pesar de que aduje falta de rapport.
Dos años más tarde, investigación en solitario, y un montón de pasta gastada en especialistas privados que no podía pagar y que me dejaron igual, pero con más miedo y bastante más pelo (pero sin erosionar mi actitud combativa), me acojo a la libre elección de especialista y me teledirijo a un médico psiquiatra con barba (buena señal, de la vieja escuela perhaps?) que pertenece a la sanidad pública y que podría empatizar mejor con mi situación. Así podré por fin dejar a la médico adiestrada en internamientos a granel, que pasaba de mi culo con frialdad (por lo menos cuando me hacía esperar casi una hora por sistema cuando tenía cita con ella, y paseaba su realeza delante de mí sin dignarse siquiera a reconocer su tardanza, ni mi rostro con un simple "buenos días, perdona, sólo será un segundo (minuto/hora).
En fin, espero haber cubierto mi cupo obligatorio de cambio de psiquiatra, asumido por la mayoría de pacientes bipolares del globo, y que pueda estabilizarme con alguien más informado, empático y real. Ya tengo claro que las incursiones en la psicología, psicoeducación y terapias de la psiquiatría suelen ser más de boquilla que otra cosa (por lo menos en mi experiencia), y en general existe una prepotencia y/o desconocimiento de las terapias cognitivas en favor de la medicación.
El Lamictal me ha proporcionado una estabilidad, una contención y un apoyo claro en el proceso de reconstrucción a una personalidad equilibrada, que al mismo tiempo me proporciona la gestión y desarrollo de mi expresividad creativa. No me puedo quejar, pero ahora continúa el trabajo duro, sobre todo porque el Lamictal no puede solucionar los obstáculos de mi vida, aunque me ayude, y ahora estoy lidiando con un ligero deterioro cognitivo, que puedo solventar con la ayuda de suplementos, aunque sea una procesión el conseguir la información y el poder comprarlos, y también estoy luchando con una distimia, neuropatía y cansancio tremendos desde hace más de un año.
De todas formas, he trabajado duro y he buscado todo tipo de soluciones por mi cuenta, y el lunes voy a comenzar terapia cognitiva con un médico especialista que ha estudiado en Estados Unidos medicina psicosomática, y que espero me ayude a encaminar mis estudios avanzados y perseverar en su afianzamiento.
No es fácil, pero tal vez el trabajo que este trastorno me obliga a esculpir en mi personalidad y mi comportamiento se adecúe a mi personalidad alfa, y además, si no fuera por mi carácter emprendedor e inasequible al desaliento, no podría haber llegado muy lejos en mi batalla.
Todo tiene un precio y una recompensa.


0 Comments:
Post a Comment