
No nos permiten usar el ordenador en el trabajo. Y tal vez al volver al papel vuelva a mis viajes escritos en metro.
Hoy el levantarme me ha costado más de 3€ porque no tenía leche de soja y he tenido que ir al Starbucks otra vez y sentirme una cerda capitalista. Sonrío a l@s chic@s del SB, rotación impresionante. Pero por lo menos me he tomado mi chute de cafeína poco a poco durante mi viaje en metro.
Al salir de casa he visto una moto roja de gran cilindrada volcada con piezas rotas y yacentes ocupando toda la acera. Me ha dado mucha pena. Odiaba encontrar mi bici caída en Ámsterdam.
Intenté ir en bici sin manos el otro día pero no sé si es porque había desnivel pero me escoraba siempre hacia la izquierda. Tengo dudas sobre la estabilidad de esta bici, es menor que una bici normal, claro, y es más complicado, se me resbala la suela del calzado a tirones a veces con los pedales, así que tendré que comenzar la bici fashion. Me compraré unas zapatillas o a lo mejor utilizaré las de correr aunque sean blancas y se manchen. Me volveré menos tontita con mi aversión a la suciedad, como la profe de Glee.
Ya sólo me faltan las gafas y terminaré también con un espejo retrovisor. No sé muy bien cómo fijar el espejo de moto que me he comprado, y creo que me distrae el calibrarlo y posicionarlo a cada momento, una décima de segundo distraída en tráfico and it's the end.
Analizar el tiempo en el que vives es un proceso de infinita temporalidad pero de ingente inventiva y olfato de sabueso. Yo dependo de los devaneos de mi ánimo para motivarme a explorar el momento esquivo o persistente, aunque me obligo a hacerlo.
Sçolo tras un proceso reflexivo comienzo a comprender en paralelo la calidad y dimensionalidad de lo escrito y de lo nonato literario. Debes ser lo que tu perspectiva te permita en cada momento, y si alguna vez quiero hablar de una tirita en el dedo o de la imposibilidad impoluta del intercambio de oxígeno, es todo igual de válido.

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