El cursor parpadea pero no puedo hacerme a
Por eso he estado
varios días atrapada en la intermitencia, en el deseo insatisfecho, buscando
una paz que no llegaba porque estaba rodeada de artilugios electrónicos que no
funcionaban como deberían. Estaba desconectada del mundo, y eso me hacía
sentirme un poco daltónica, y se me hacía muy cuesta arriba volver a
acostumbrarme a mi letra, al espacio más pequeño, a la página sin luz ni
parpadeos, al ruido rítmico de mecanografiar, a la sensación de tener un whisky
al lado sin que haya whisky ni pluma ni crónica que escribir, pero al menos el
ordenador te da esa sensación.
Es el saber que
puedes marcharte, dar la vuelta, y que a tus espaldas perviva tu trabajo sin
que nadie tenga que encontrarlo cuando te hayas ido.


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