Asisto al concierto de mi propia levedad, de mis veleidades más profundas, de las puntadas de hilo de mis arbitrariedades.
Un picor me recorre y se desplaza con destreza desde mi nuca a mi antebrazo; por lo que deduzco que tiene antecedentes emocionales. Sin embargo no sé interpretarlo adecuadamente. Me transpongo entre formas gramaticales difíciles y asiento con la mirada ante la incomodidad de vengarme sin fuerzas y rendirme ante la salida.


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