Ansío replegar en arrugas circundantes y plegadas las hojas reescritas, y lanzarlas con un golpe diestro a la papelera con los folios escupidos y desechados. Son ideas sin paraíso.
Pero no suelo tirar mis renuncias ni desprenderme de mis intentonas en falso, ni tachar subrayados absurdos, ni resquebrajar relaciones emotivas o romper con el pasado. Mis escritos se deslizan como por una pista de esquí arrebolada, a veces insulsa, aquejada del mal de la inmediatez, contagiada con la rutina de la cotidiana alienación y repulsas más profundas.
Necesito solventar los huecos de mis miedos, la salinidad de mis viajes interiores a la Ítaca soñada, aunque hace mucho tiempo que perdí los diarios de navegación.
Espero avistar la cordura de las revelaciones tempranas, la facilidad del verso suelto.
Aspiro a encajar sincronías izadas a la proa asilvestrada de mi imaginación.


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