No me había dado cuenta de que hoy no he comido nada porque no estaba especialmente cansada. Son casi las siete de la tarde y lo he sentido al asomarme a la cazuela del guiso de mi madre. He metido un bocado carne con salsa en mi boca y he sacado un plato. Pero me he agobiado al intentar mascar, al tener que tragar y he vuelto a dejar el plato brillante en su estante, esmerilado y vacío.
Después de eso me he sentido mejor, pero empiezo a preguntarme qué va a ser de mí. No recuerdo no haber tenido hambre de esta manera; incluso cuando comía poco sentía hambre.
Estoy adelgazando.
Lo que la relación quería, lo que la relación demandaba, lo que la relación tenía que ser y no era. Todos mis errores, egoísmos, acciones de resultados catastróficos, obligaciones desatendidas e inconclusas. Y ella, la relación, pidiendo cada vez más de mí.
Y me levanto un día con la piel cubierta por manchas, como de escarlatina. Cuando todo el mundo se acuesta, mi hermano se levanta. Pero esto último no es un sueño.
Después de eso me he sentido mejor, pero empiezo a preguntarme qué va a ser de mí. No recuerdo no haber tenido hambre de esta manera; incluso cuando comía poco sentía hambre.
Estoy adelgazando.
Lo que la relación quería, lo que la relación demandaba, lo que la relación tenía que ser y no era. Todos mis errores, egoísmos, acciones de resultados catastróficos, obligaciones desatendidas e inconclusas. Y ella, la relación, pidiendo cada vez más de mí.
Y me levanto un día con la piel cubierta por manchas, como de escarlatina. Cuando todo el mundo se acuesta, mi hermano se levanta. Pero esto último no es un sueño.


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