Por la mañana encuentro caudales de moléculas de sudor de energía estática destilándose por la frente. El desayuno en el estómago no acaba de cuajar. La puerta trasera del cerebro comienza a entreverse, como si de un amanecer corporal se tratase.
No se respira aire, sino vapor de ideas, prisas y revelaciones tempranas.
Es un caudal de medidas sin tomar, de impresiones inteligentes, de corrientes alternas marinas que se entremezclan con el viaje.

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