domingo, 1 de abril de 2012

Madrugada Día Noche



Madrugada Esta noche se clausuran los ecos de las dudas. Esta noche se cierran las alambradas con los brillos del resplandor de fuego que te alumbraba. 


Día Destellos de bienvenida en esta mañana alisada. Decisiones aromatizadas por el dinamismo de la prisa, el café endiosado, el grato despertar asomándose a la sorpresa de las horas inéditas reservadas para hoy. 


Tiempo Se mide ahora en un patrón de minutos que desembocará en horas. Los enclaves recónditos del alma sulfuran vapor de incógnita. Retoman indicios en flor de caminos enhebrados y resaltan sus dudas enzarzadas en espinas, como los erizos de mar perdidos entre las corrientes marinas despiertan de sus propios trances. 


Arremetes líquidamente contra la espera de las horas, contra los horadados huecos de la incertidumbre. La insensatez del recordar la memoria cuando el haberla perdido hubiera supuesto una salva más de cargas de sabor a acero. 


Tarde Compilas el trayecto en su torno mágico de redes impregnadas de sal para degustarlo. Se hilan en las herrumbres neuronales, esa espesa impaciencia. Se indexan las sensaciones visuales en las encías y se reprime la risa por la impresión que te causa todo esto. Integras las rémoras de tus propios temores como cualidades de la carne que sabes se extinguen entre el polvo, pero los quiere enardecer mientras puedas, porque puedes, porque tu destino es expandirte igual que la inconsciencia. 


Hay que luchar contra la inercia de la avidez por las obviedades, por los pensamientos inertes, las quejas fatuas, la arrogancia del vacío, y revivir la ausencia de temor de la infancia ciega al desengaño y su certeza de vivencias continuas y descubrimientos incoherentes ligados a la percepción de su mundo. 


Noche La insípida turbina del atormentado remordimiento ha de ser ahogada para que, infeliz, impregne tu visión matutina. Pero luchas contra ella como contra un enemigo natural, y vences durante la tregua. 

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