Hay momentos en que tomas una decisión y ganas más de lo que pierdes. Y te quieres olvidar de lo que has perdido para no echarlo de menos con melancolía, remordimiento o duda.
O lo dejas como está, en su sitio, sin moverlo, porque después forma parte de aquello que se salvó del naufragio, lo que era más real, lo que te da pistas sobre lo que realmente tuvo importancia para ti.
Cuando te aferras a las cosas que te provocan ternura dentro de una serena añoranza, te olvidas también de aquello de lo que huiste.
Son los recuerdos en los que sé que di mucho, todo lo que pude. Son las imágenes que me devuelven la que fui ahora que me estoy dibujando de nuevo.

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