Llevo varias semanas (¿dos meses?) incubando un amago depresivo con grupos de dos o tres días de repunte esperanzador que no han fructificado. Todavía no sé cómo me voy a liberar de esta depresión ni cuánto ha penetrado en mi carne, si sus garras están bien afianzadas o si sólo se trata de un mordisco venenoso. Tengo ganas de llorar a cada minuto, me trago lo que quisiera decir, y albergo pocas esperanzas en la última apuesta en la que he volcado mi corazón a bocajarro. Antes tenía una hogar en mi pecho, una voz amable al otro lado del teléfono, en mi anillo está grabada una promesa de amor que se el agua terminará puliendo y haciéndola desaparecer al deslavarla. Ahora el pecho me escuece por dentro como si me lo hubieran rebañado con una sustancia abrasiva. Noto mi latido permanentemente en una vena de mi cuello como si fuera la cuerda de una guitarra vibrando con fuerza, sin piedad. Un desastre, la verdad.
Hace tres semanas, con el rodaje, tuve un subidón que sin embargo me ocasionó una crisis momentánea debido a tensiones inesperadas. Y desde entonces empezaron problemas físicos: la famosa flojera muscular, esta vez intensa y también mental, el no poder andar por mi rodilla, un golpe de calor. Y estos se combinaron fuertemente con derrotas y bombas racimo en el terreno personal. Ahora ya estamos en la tabla rasa con vistas al precipicio.
En las últimas dos semanas parece ser que tiene mucho ver una medicación que he tomado para la rodilla. Interacciona con la insulina de tu cuerpo e interfiere con los niveles de azúcar de la sangre. Lo ha precipitado y empeorado todo, me ha dejado con la mente confusa, me ha puesto en estado de hibernación y me ha impedido aprovechar la poca energía que estaba generando con mis proyectos. Si hubiera continuado sin esta barrera probablemente estaría solventando poco a poco mis dificultades.
Tengo un pesar de amor que me arrastra hasta el fondo. Yo no he dejado de amar y ahora se me tiende la oportunidad de participar en un amor sin responsabilidades, sin lazos, sin intereses mutuos, sin proyectos de futuro, tan sólo el saber estar. Un saber estar que depende de mi compostura, de mi trasversalidad, de la levedad en el que debo tomarle, de no preocuparme por él, de no azuzarle, de no anegarle. Un amor pendiente de un hilo, de la espera, de llamadas telefónicas que se reciben, de citas conmigo que se olvidan, de preguntas que no me hacen, de cuidados que no llegan, de obsesiones que no tienen nada que ver conmigo y que lo invaden y lo hacen prescindible. Un amor feliz en su propia vanidad, un trasiego breve y leve, uno más entre otros, aprisionado en una penitencia constante y reproches que nunca se borran del listado.
Debería haberme dado cuenta antes y puesto cartas sobre el asunto de forma más tajante, porque aunque sí era consciente de sentir la inminencia de peligrosidad, y estaba sufriendo por dentro con desconsuelo, mis estrategias han dado frutos mixtos y al final me he precipitado en la tristeza, la ansiedad y la dificultad de activarme. He sido de gran utilidad a los demás en problemas puntuales, pero luego las personas se han evaporado y, como siempre, estoy prácticamente sola lidiando con esto.
Si abriera mi corazón y dijera la verdad me pregunto cuántos oídos de mi entorno íntimo estarían dispuestos a escucharme sin prejuicios ni aburrimiento. "Pon de tu parte", me dicen, ignorando todo mi fervor por derrotar este dragón. Si mis personas queridas estuvieran abocadas a este infierno continuo no creo que lo sobrevivieran, la verdad. Les hubiera aniquilado completamente, aunque siguieran respirando.
Hoy estoy entregada a una ofensiva de trabajo que con un poco de suerte podría ayudar a remontarme y protegerme de las últimas desilusiones y los demonios que me arañan y quieren atraparme. He anulado todas las citas de esta semana, por mucho que me duela, porque en realidad son para complacer a otras personas, y debo contemplar cómo se apaga esta pira, protegerme de las brasas voladoras, lamerme las heridas de las quemaduras sola. Hay demasiado en juego.
No he escrito lo suficiente en estas dos semanas porque no acertaba a escribir nada creativo que valiera la pena, pero no puedo dejar que eso me detenga. Me lo he dicho muchas veces, pero siempre me tropiezo con la misma piedra. Hay que escribir, salga lo que salga, aunque sea sólo una palabra.
La verdad es que tengo que aceptar esta vulnerabilidad mental que padezco tan a menudo, pero cuando aparezca debo establecer prioridades. Tengo varios parapetos dispuestos en mi casa, pero a menudo salgo fuera cuando todo va mal y no me da buenos resultados. Confío demasiado, me salgo de mi cartografía, resbalo y resquebrajo el hielo. Supongo que es un llorar interno, una llamada de atención que no suele funcionar. ¿Quién sabría acojerla?
Llevo varios días con pesadillas que me previenen, que me avisan, que me explican qué es aquello que me crucifica, qué es lo que me va a pasar si no atiendo a sus mensajes cifrados. Terminaré más perdida todavía, completamente desmenuzada, y tendré que remontar a golpes de voluntad desvaída, el tiempo pasará con una lentitud desesperante, las posibilidades que me ofrezca la vida se truncarán una vez más. No puedo permitirlo. Si tengo que coger taxis para evitar a la gente de camino a casa lo haré. Si tengo que comprar comida y encerrarme en mi casa como en un búnker, lo haré. Me voy a dedicar a trabajar profusamente en mis proyectos sin ningún tipo de distracción. Apagaré el móvil si es necesario. No quiero caer en el pozo porque de ahí no me saca nunca nadie.
Tendría que construir un yo más fuerte, pero no nos engañemos, estoy luchando constantemente contra esto, y es más fuerte que yo. A los demás les resulta fácil hablar de ello porque no saben el desgaste que supone que esta enfermedad te desvalije la casa periódicamente y que apenas te hayas recuperado comience de nuevo todo otra vez, a veces con más virulencia. Es desesperante.
Este año tenía visos de esperanza, y no me ha desilusionado, pero lo que he hecho no ha sido suficiente. Es más, soy culpable de dejarme llevar, de ser poco coherente y responsable de una serie de hechos que me han puesto en una situación muy vulnerable. Y tengo que saber alejarme, saber perder, saber olvidar. Lo demás es simplemente ser carne de cañón, víctima propiciatoria, cabeza de turco.
No quiero que jamás me hagan el amor sin que me quieran lo suficiente.


2 Comments:
Olvídate de tí pero ocupandote de tí.....
Saludos
Nieves
¡Gracias, Nieves! Siempre ahí :-)
Besoss
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