miércoles, 1 de agosto de 2012

Half time


El reloj le arranca pausas al verano, y las esperas son largas, casi furtivas. Alguien ha decidido que ahora se va a ninguna parte y ha retirado los autobuses, las ideas sin futuro, la refrigeración de las inhibiciones. Las panteras del calor transcurren febriles por el asfalto, y el movimiento va en dirección contraria.  


El cuerpo se desviste desaseado y con la mente en blanco. Son los hitos de un verano despoblado, de un esplendor desagitado, con los tiempos calculados entre líneas. La soledad se vive entre bastidores y espacios vacíos: ningún pensamiento es pequeño.  Este verano enarbola la arrogancia de lo incierto, de lo nonato, de la ausencia. Tú me faltas. No compartes lo vivido, te encuentras lejos. La sigilosa cadencia de la duda me arrebata: si al fin y al cabo estarás mejor sin mí, si tu espacio conmigo ha sido únicamente un pasacalles atolondrado y retráctil. 


Si el tiempo me ha acorralado y me ha mentido, porque no te valgo.  El viento me deserta. El movimiento cesa y la música se acalla. Si salgo adelante es a pulso.  


De repente tengo un sentimiento inesperado como un globo aerostático con escapes de helio: es la espera aturdida de un amor deshabitado.  ¿Existen las segundas oportunidades? 


I will give my heart gladly. 


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