Fui andando a casa e intenté calmarme tras el disgusto de la llamada. Mi mente se debatió entre lo real y lo irreal, mantener la perspectiva, utilizar bien el tiempo, entenderme y enterderla y entenderlo, y ser leal.
Pero hace una hora, al subir a la litera, el monólogo interior (y también a plena voz) comenzó a plantear alternativas muy diferentes a lo que llevo pensando y repitiéndome desde hace seis meses. Mi reflexión era que tal vez tenga que ser consciente de la posibilidad de que esto va a acabar (si no ha acabado ya), de la misma manera que tan fehacientemente he deseado que no fuera así. Me he puesto a considerar que la situación en la que nos encontramos pudiera ser mucho más coherente de lo que parece: ya no me quiere, y esto no va a funcionar nunca. Ha tenido una muerte lenta y agonizante.
Me he dicho que no debo cegarme por lo que quiero que suceda, porque si mi corazón se ha abierto, y sin rencor ni desamor es capaz de ver la posibilidad de un final definitivo, no tengo que desoírlo. Sería como luchar contra tu propia intuición. Lo he pensado con calma, sin desesperación, sin cortes de respiración, y mi mente ha sido lúcida y ha cubierto una superficie de 360 grados sin asustarse ni evitar la zambullida en la verdad.
También he pensado que no debo lucir como una medalla mi capacidad de amar ni de querer una segunda oportunidad y ser capaz de dar el todo, a pesar del dolor. Tal vez, si hubiera final, no estaría tan atormentada por el hecho de tener de nuevo una relación de unos cuantos años solamente, porque eso no demuestra que no pueda querer a nadie, sino que mis elecciones no han sido las mejores, después de todo. El seguir haciendo algo para demostrarte a ti misma que puedes hacerlo no es buen motivo. No, esto no lo quiero.
No importa que la quiera con locura, que estoy dispuesta a dar el Todo, que aunque me duela no soy capaz de enfadarme con ella más de unos minutos. Estas cosas a veces no importan lo suficiente.
Lo mismo que me he dicho a mí misma en alguna ocasión que la soledad no es razón para emparejarse, y que hay que conquistarla, esta noche me estoy planteando que no debo continuar esta relación por motivos equivocados. Y si quiero tener claro de verdad que debo luchar por ella, tendría que ser capaz de desenterrar cualquier duda escondida con la misma lucidez, porque el ponerte una venda en los ojos sólo tendría el resultado de sentirme como metida en una ratonera, y de dudar constantemente sobre si quiero estar con ella o no cuando haya mayores dificultades. Miedos, miedos, miedos.
Ahora mismo, mi ánimo varía constantemente, y cualquier acontecimiento negativo lo revoluciona, lo impacta. Y no voy a encontrar la tranquilidad ni la calma para creer en nuestra relación cuando algo malo suceda, el deseo de que todo vuelva a su curso si no soy honesta conmigo misma y con la vida que me mira de frente y me habla.
Así que he hecho algo que llevo muchos meses sin hacer, y es ver los pros y los contras, con sinceridad, pero no con frialdad. Como si el querer estar con ella porque realmente sea lo mejor para las dos, porque que el amor es verdadero, fuera igual de importante que no mentirme a mí misma, ni mentirle a ella. En eso me he encontrado de repente admirando a Septiembre por poner honestamente sobre la mesa sus objeciones.
De hecho, si se está enamorando de esta otra mujer, y yo ahora le sobro, sólo hay una explicación: lo hace únicamente porque quiere, porque piensa que es mejor para ella. Ella ya sabe que la quiero y que quiero volver con ella. Es perfectamente posible que, al fin y al cabo, ya no quiera una relación como la nuestra ni conmigo, que ya no crea en ella, no le ilusione, porque en el fondo desee otro tipo de persona a su lado. Eso no quiere decir que yo sea peor, sino simplemente no la mejor para ella.
Tal vez Septiembre ha sido muy competitiva conmigo, y ahora vea en esta otra mujer la posibilidad de brillar, de ser querida sin objeciones, sin pasado. Y mi sospecha es que las cualidades de esta chica (aunque lo poco que la conozco me da un mal rollo impresionante) podrían ser un verdadero atractivo para Septiembre. ¿Por qué no? Además Septiembre me ha rechazado muchas veces y no se ha sentido cómoda conmigo en muchas ocasiones. Tal vez ella haya forzado las cosas también, probablemente por amor hacia mí.
El que yo quiera una segunda oportunidad para hacer las cosas bien porque me he dado cuenta de mis múltiples errores, no quiere decir que la vaya a conseguir. Podría ser demasiado tarde. La ilusión es frágil, y si se va, tal vez no se recupera nunca más.
Mi hermana dice que Septiembre ya no me quiere, y casi todo el mundo me dice que lo deje, que me vaya, que no me haga daño, que esto no va a ninguna parte. Nadie parece haber tenido una situación parecida a esta, o por lo menos me escuchan con perplejidad y shock al explicar lo que está pasando. Y aunque me he empeñado en no hacer caso y en rechazar de pleno estas opiniones, esta noche me he sentido capaz de escucharlas de nuevo en mi cabeza.
Además, llevo meses pensando en lo inadecuada que soy, y creo que tal vez era hora ya de mirar las cosas de forma global, y no sólo machacarme y martirizarme en la búsqueda de reconocimiento externo de unas cualidades que dudo tener.
Creo que no hay nada de malo en todo esto. Me sorprende la tranquilidad con la que lo estoy escribiendo y pensando. Ya no quiero llorar más, es odioso. Si voy a luchar por nosotras tengo que estar completamente convencida y preparada, y el pensar en todos los planteamientos posibles es liberador y me da fuerza. No quiero estar triste, no quiero sentirme mal, no quiero machacarme la cabeza. No puedo compartir mi sufrimiento con ella: lo rechaza de pleno, y me he sentido inmensamente sola. Me ha abandonado e ignorado cuando me he sentido mal; y no la culpo, pero, independientemente de todo, no lo entiendo y me duele muchísimo. A lo mejor no sabe hacerlo mejor, o cree que no tengo derecho de ponerla en esa disyuntiva. Se inhibe, se ha desvinculado, no quiere tomar ninguna responsabilidad. Puede que esta actitud sea circunstancial (es lo que creo), y por eso estoy dispuesta a soportarlo y perdonarlo, y se lo he dicho. O que vaya a ser siempre así, en cuyo caso no le veo ningún sentido a seguir (y estoy convencida de que ella se lo plantea incluso más seriamente que yo). Algo se ha quebrado más hondo esta vez. No todos los golpes tienen el mismo impacto.
Es cierto que es triste llegar a plantearme todas estas cosas; pero lo mismo que he prometido no desistir y luchar por ella y nosotras con toda mi alma y mi lucidez, sin victimismos, sin reproches, sin prejuicios, también quiero prometerme el no desesperarme si al final se acaba.
Mi corazón roto, abierto a la luz, quiere ser feliz. Es el motivo por el que quiero estar con ella.
Es cierto que es triste llegar a plantearme todas estas cosas; pero lo mismo que he prometido no desistir y luchar por ella y nosotras con toda mi alma y mi lucidez, sin victimismos, sin reproches, sin prejuicios, también quiero prometerme el no desesperarme si al final se acaba.
Mi corazón roto, abierto a la luz, quiere ser feliz. Es el motivo por el que quiero estar con ella.


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