sábado, 4 de agosto de 2012

Promesas



No puedes prometerle nada a nadie si no te lo prometes a ti primero. Mis promesas no son en vano, porque he decidido merecerlas. 


Hoy me preguntaba cómo me iba a sentir después de haber decidido el jueves el aceptar a Septiembre con el Todo, y vivir con los pulmones abiertos, respirando con ganas y energía, con ganas de proseguir adelante y sentir todo lo que me depara la vida con ella, porque no puedo vivir sin Septiembre. 


Y hoy me ha pasado una cosa extraña: no he podido dormir, pero no en de una forma desagradable. Simplemente mi cuerpo ha seguido el día a la noche a la madrugada a la mañana casi sin darme cuenta. No me he dormido hasta las 7 de la mañana, lo que no es muy sano. Y por supuesto ahora estoy aplastada como un flan tembloroso, y no debo juzgar mi estado de ánimo ni mi voluntad e ilusión por estar con Septiembre por cómo me siento ahora, sino por el hecho de que no he descansado bien. 


Ayer, sin embargo, me bebí más de tres litros de agua, comí tras un antojo unas patatas gigantes del Mac Donalds (más de un año sin probarlas), y también una pizza mediana que encargué por internet. Estaba claro de que tenía ganas de ir a por todas, de hacerme fuerte, de revolucionar mis límites. Luego me sentí demasiado llena. A lo mejor estoy intentando asimilar todo a la vez, y tengo que ir poco a poco. 


Voy a intentar descansar y relajarme este fin de semana, dormir a mis horas y ver a mis amig@s, que parecen caídos del cielo para ayudarme. Y echo de menos a Septiembre, que estoy segura de que desaparecerá todo el fin de semana o, quién sabe, tal vez toda la semana. Me da miedo devolverle su confianza con el asedio, y descorazonarla, y que de alguna manera piense que lo que quería, el Todo, tampoco ha de ser. 

2 Comments:

nieves said...

Yo también he sentido pararse me el corazón algunas veces. Ya me he acostumbrado a esos estados y no me asustan...
Descansa y duerme; es necesario.
Un beso
Nieves

Ssplash said...

Sí, hay que encontrar una manera. Sólo lo voy a merecer si sigo adelante.

Un corazón roto en pie puede ser un corazón muy fuerte para querer cada vez más sin juzgar.

Muchas gracias, Nieves