domingo, 5 de agosto de 2012

Será mar


Hoy he visto algo que me ha dejado de piedra: he notado algo parecido al corazón parándose, y todavía me tiemblan las manos. Estoy respirando hondo. 


Después del temblor me costaba respirar. Y tras unos minutos el mismo respirar desacompasado se empezó a convertir en un sollozo sincopado. Corrí al sofá a tumbarme porque me temblaba todo el cuerpo. Y no pude encontrar ninguna postura que me tranquilizara lo suficiente. Entonces, al incorporarme y sentarme, surgió el aullido. Un lloro larguísimo que procedía de mis pulmones, mis nervios, mi vientre, que no acababa nunca, que no necesitaba aire entrante, que no ahogaba. Y después otro y otro y otro. Me tapé la boca con la mantita polar blanca que uso en el sofá, porque soy muy friolera, y ahora sentía frío, mucho frío, un frío gélido que me atravesaba a punzadas. 


La llamé porque necesitaba oír su voz, pero, por supuesto no supe nada de ella. Pensé en coger un avión. Ahora no he dicho adiós al colgar el teléfono porque no quería despedirme. No quiero despedirme. Mi amor sigue intacto, aunque tengo el corazón roto y el cuerpo roto. Adelante, corazón roto. Adelante, cuerpo roto. 


Llevo muchos años intentando ir hacia adelante con una mente rota. Ahora debo aprender a continuar con las múltiples fracturas. Debo hacerlo sola, porque el cuerpo suelda los huesos, las cavidades, las venas, la epidermis; y el recuerdo, la impronta del ser quebrado debería ser testimonio de la fuerza que realmente tiene. Por eso no quiero sentir ningún tipo de victimismo ni llorar por mí. Estoy herida pero fuerte, y debo hacerme justicia. Pero estoy derivando demasiada energía, y debo conservarla si quiero conseguir pasar por esto y seguir estando aquí, preparada para el Todo el tiempo que sea necesario. Voy a observarme con más detenimiento y no pensar en mi cuerpo y mi vida quebrada, porque la vida la estoy sintiendo y experimentando con furor desabrido, plenamente, con ilusión y entrega, y no me he estado dando suficiente cuenta. 


Sé que está dejando llevar por esas olas de las que hablaba Storni, pero temo que sea yo Alfonsina y no vuelva a vivir más el regreso.


Creí que no iba a volver a llorar tan pronto. Será como dice Marina: No es amor, es ya mar.


Me gustaría que luchara por mí.


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