En las inmediaciones de esta noche busco huecos donde vincularme. Los sentimientos son como balones de oxígeno, y me recuerdan las cosas que me atan, que me refuerzan, que me componen.
En mi futuro avisto realidades de ternura en la noche fría. El sueño me arropará, y su cabeza en mi almohada no me dejará caer. Los días se sucederán en un baile de fuegos, con retamas en las yemas de los dedos. Mi soledad me sirve para imaginarlo.
Este otoño me he hecho promesas que verán la luz la próxima primavera, cuando los luceros reluzcan y despierten a los capullos de lila. Estas promesas son mías, nada más que mías. No encuentran eco todavía en su vida, ni en la de nadie. Una promesa existe para ser cumplida. Una promesa no se araña para arrancarla de la tierra que la sosiega, no se destierra a parajes recónditos, no se olvida. Una promesa es firme cuando se renueva cada día, cuando crees en ella, cuando sabes de ella. Así crecerá frondosa, y cuando el tiempo llegue se convertirá en el aroma de tu hogar.


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