viernes, 14 de septiembre de 2012

Qué se le va a hacer


La soledad a veces muerde como una mandíbula de piezas afiladas, y sientes su intención de desgarrarte la piel. Es cuando llorarías, o expresarías esas preocupaciones que te mantienen en vilo o desganada o desvalida. Es también cuando entre la laringe y el esófago se acumula una nube borrascosa que te varía la dinámica de la gravedad de tu cuerpo, y sus ventosas se adhieren a tu interior e intentan evitar el vacío tirando de tus tejidos; su carburante es la humedad de tus mucosas, con lo se te agrava la sensación de malestar. 

Durante estas últimas semanas me he repetido una y otra vez: "No te des por vencida", aunque a veces no sé muy bien lo que me está intentando vencer. Tal vez siento un desgaste de mi método para sentirme bien y continuar sintiéndome bien. O que me gustaría compartir estos momentos de música, de transpiración, de reestructuración. No sé muy bien cómo podría tener a alguien a mi lado mientras completo la a veces tediosa tarea de volver a montar cientos de planos con un sistema inestable, pero se me ocurre que tener la oportunidad de besar a alguien de cuando en cuando sería bastante agradable y reconstituyente. Un café en la habitación de al lado con ella tampoco puede medirse con palabras. 

Creo que la gente bipolar necesitamos una dosis extra de cariño cálido de nuestro entorno más íntimo. Tal vez lo podamos retribuir con nuestra alegría y espontaneidad cuando todo nos reluce, ya que estos momentos los disfrutamos inmensamente debido a que sabemos que tenemos que aprovecharlos al máximo. Y es porque mañana el día podría amanecer chungo, y la verdad es que se puede hacer poco para evitarlo ...

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