martes, 2 de octubre de 2012

Ya es Septiembre


Sí, ya lo es, y ninguna de las promesas que teníamos se han cumplido. 

Ya sé que mi comportamiento define mis zonas erróneas, que no debería pensar más en ti, ni creer en ti, ni dejar pasar la oportunidad de ser feliz con alguien que me pueda dar la ternura y comprensión que yo también puedo ofrecer. Ya sé todo eso. Y después de ayer lo sé de sobra. Pero no puedo dejar de sentir lo que siento, o negarlo, o convertirlo en algo diferente con la razón, el sentido común.

Ahora simplemente no voy a estar en tu vida, no vamos a tener ningún contacto, y si tú lo decides no volveré a verte. No voy a ser tu amiga. Nos hemos conocido para estar juntas, para entender el mundo y entendernos entre nosotras y desde nosotras, para procrear algo desde nuestras entrañas, para confiar incondicionalmente tú en mí, y yo en ti, porque debemos. Si esto no puede suceder, prefiero desaparecer completamente. 

Para mí no estar es lo mismo que estar. Yo te tendré en mi vida, aunque sea desde la distancia, desde el infinito, desde el no ser o desde el no tener. 

Yo no quiero transformar nada, y crearnos en en otra cosa completamente diferente para la que no estamos diseñadas. Mi reino solo tiene un precio y un destino. Por eso hablamos de Ítaca.

Es que me da igual lo que digas, y me da igual lo que hagas. Qué me importa. Yo voy a seguir queriéndote igualmente, y eso ya es una premisa testada y probada. Tú puedes irte a donde sea, puedes querer a quien quieras, puedes hacer lo que te dé la gana. Yo estoy aquí haciendo lo mío, y echándote de menos; supongo que cada vez lo haré con más filosofía. Ya no tienes que saberlo, ya no tengo que contártelo. Ya puedo respirar con libertad porque ahora mis sentimientos son puros y no molestan a nadie. Los llevo con naturalidad y no espero conseguir nada con ellos. Tú no quieres que esté contigo, pues bueno. Haya paz. Prefiero estar sola y tranquila.

Si echo de menos nuestro anillo, pues voy y me lo vuelvo a poner, porque para mí es algo natural y no tengo que explicármelo. Ya me estoy situando en el presente, ya no en la espera ni en la esperanza. Me pesan demasiado los párpados para ver algo más de lo que tengo delante delante de los ojos. Así que ya no pienso en ti y en lo que va a pasar, ya he aceptado que no se puede seguir así ni asá. Pero yo tengo derecho a mis propios sentimientos, y aunque intento no encerrarme en la desesperación, sé que te quiero y que el sentimiento no es trágico; es simplemente una certeza, una realidad. Finalmente no tengo que hablar de mis emociones, ni de las tuyas, ni de tus carencias, ni de mis anhelos. Ya no tengo que rebozar mis sentimientos por el barro, por la incomprensión, por el asalto, por la apisonadora. Ya no tengo que acabar sujetándome el tórax con ambas manos para que no se me salga el corazón, huyendo desesperado de la masacre.

Es bonito que el amor que te tengo ya no forme parte de una narrativa, de un plan, de una quimera. Si alguien me preguntase, tal vez no lo revelara. Me van a decir un montón de cosas al respecto, y, mira, ya he oído suficiente, gracias. Ya he escuchado a quien tenía que escuchar. Me van a ver tranquila, y eso les quitará el desasosiego. 

Ya no hay reproches, ni explicaciones, ni ofrecimientos, ni relatos, ni besos a la desesperada, ni abrazos con lágrimas escondidas, ni cariños lanzados al viento, ni qué penas. Ya no puedo seguir hablando contigo, ni pensar en lo que ha sucedido en esas conversaciones, ni tratar de entender las batallas campales que se desencadenan sin que yo sepa ni cómo. Ya simplemente estamos en septiembre.

Ahora va a ser siempre septiembre. Para siempre. 

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