Mañana hará un mes que ha muerto mi padre. Me lo ha dicho mi hermana esta noche; la verdad es que no lo había pensado. Su voz estaba temblorosa, temiendo despertarse mañana y darse cuenta de que todo no ha sido un mal sueño.
Un mes. No sé muy bien lo que significa; probablemente no es tan importante, es un número de días casi arbitrario en lo que se refiere a los sentimientos. Aún así lo que ha pasado lo tengo muy claro en la cabeza. Cada día ha contado su peso en plomo. En eso consisten los aniversarios. En saber lo que te ha pasado desde la última vez.
Pero mis auténticas emociones se encuentran escondidas dentro de las bolsas todavía llenas de las cosas que me llevé al hospital y al tanatorio. Cuando lave la manta, cuando ponga de nuevo las fotos, cuando mi casa esté arreglada como el día que salí de aquí sin saber que pasarían semanas antes de regresar, entonces me preguntaré cómo ha quedado todo.
Hay ciertas cosas en las que no quiero pensar demasiado, aunque estén ahí. Es increíble el número de ellas que hay pendientes en mi cabeza. No me explico cómo voy a seguir mi vida y tener tiempo además de sentir todo esto. Hay algunos momentos en los que me doy cuenta de que no he pensado en él durante horas, y me pregunto dónde habrán ido esos pensamientos perdidos, qué hubiera podido haber en ellos.
Cuando estoy en casa de mi madre y veo sus fotos por todas partes o las evito o las miro, e inmediatamente si las observo pienso en ese pedacito de historia suya y nuestra, en lo que expresa la foto, en lo que había detrás, en dónde estaba, en qué momento fue, en por qué tenía esa pose, en quién se la hizo (muy a menudo fue mi madre). Me he dado cuenta de que hay fotos en las que miras a la cámara y otras que te hacen sin ser tú demasiado consciente. Mi padre tiene muchas de estas últimas: en una cena, en una conferencia, en un viaje de negocios. La narrativa cambia mucho en estos casos con respecto a las otras fotos. Mi padre tiene muchas fotos suyas, y cuando sonríe siempre tiene la misma sonrisa. Es increíble conservar la sonrisa durante toda tu vida.
Mi sobrinita de dos años ahora dice que se tumba en el lado de la cama del abuelo, y que ése es su lado ahora cuando quiere dormir. Le puse una corbata suya el otro día, y hoy me ha pedido que se la ponga otra vez. A menudo señala las fotos de mi padre y dice sonriente e ilusionada que en ellas está el abuelo. Parece que ella piensa en él a menudo porque no quiere olvidarse ...


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