Algunas palabras son imborrables: se dibujan el contorno a sí mismas en la arena de la playa cuando baja la marea; se vislumbran al evaporarse las manchas de tinta del papel secante; tus labios las retienen sin decirlas, y las notas espesarse en el trasfondo de tus pensamientos, en los ecos y recuerdos de la vida que has abandonado.
Cuando la luminosidad del día se acalla, son las luciérnagas del silencio abundante que te retrata.


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