domingo, 7 de abril de 2013

Razones


Pongo unos versos en tus manos para renovar las preguntas que te encuentran. Son ya varios avisos los que he recibido y te siento y te enredo. No puedo olvidarte.

Ya no me siento enhebrada en tus enredaderas, ni te sueño, ni me adentro en tu bosque encantado. Pero detrás de las luces de gala del árbol adornado de luceros, apoyándome en su tronco miro al cielo estrellado, veo la luna y en su tendido blanco te pienso y siento la ingravidez de la caída libre. Tu recuerdo es dulce y mi respiración se detiene rezagada en mi pecho para aliviar tu ausencia con esa prenda de calor que es el añorar tu mirada de virutas de cedro.
            

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