Esa persona que te lee no es más que una sombra, un filo certero que te atemoriza y te coarta. Una presencia que te manipula para que no te humilles, no te desnudes, no te adelantes.
Esa sombra que afeita tu creatividad y la somete a una crítica mediocre que la cercena y desmenuza. Una voz pelele intermediaria entre ella y su propia pereza. Es una voz omnipotente que canaliza todos tus miedos, tus complejos, tus pretextos.
No es más que basura. Pura basura.
Y escondo mis escritos para alejar esa voz, esa sombra oscura, ese yo mío interior que me fagocita y apaga mis páginas.
Esa sombra que afeita tu creatividad y la somete a una crítica mediocre que la cercena y desmenuza. Una voz pelele intermediaria entre ella y su propia pereza. Es una voz omnipotente que canaliza todos tus miedos, tus complejos, tus pretextos.
No es más que basura. Pura basura.
Y escondo mis escritos para alejar esa voz, esa sombra oscura, ese yo mío interior que me fagocita y apaga mis páginas.

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