Como he tenido que tomar hierro para contrarrestar la anemia, al final me ha afectado al estómago y estas noches he tenido dolor de barriguilla y pesadillas. Es extraño cómo esas pesadillas descubren mis miedos más hirientes, porque me levanto por la mañana con una desorientación tremenda y una sensación de vacío enorme; la pesadilla ha recorrido todos mis temores y me he dicho durante la noche que todo aquello por lo que tengo ilusión va a terminar malamente.
Bueno, hoy es un buen día para recoger y conservar en la mente la idea de la existencia de los miedos infundados, porque voy a enseñar el corto y tener muy presente que esta noche que he pasado es un reflejo de la capacidad del cerebro de ser tu peor enemigo.


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