Comienzas a escribir un mensaje en abierto y no te desdices del runrún de los huecos del sonido y de esa turbina incesante que empaña el ambiente. Tienes que acostumbrarte a su existencia, no es más que una de muchas, no es más que una interferencia entre la placidez y el que tu mente sea atrapada por el ruido, la estratagema, los espacios nulos y estancos, los ambientes febriles.
La necesidad de huida también es un calvario; hay que vivir con las luces y las sombras, las cadenas y las alas, el fénix sobrevolando el cielo y su dolor infinito al quemarse, al extinguirse en oxígeno herido. Hay que convivir con la soledad y el ansia de comunicación insatisfecha. Hay que rebelarse al frío pero sobrevivir a su mordida.

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