domingo, 27 de octubre de 2019

Fisura II

Antes me he quedado en la fisura, en poder sujetarme en las grietas de mi propio desmoronamiento, del accidente. Ahí reside la esperanza, en no querer dejarte caer. 

No quiero escribir ninguna frase irreal, sino expresar mi verdad, la que escondo, la que acaricio. He mirado una foto de mi padre y he vuelto ha sentir la punzada del dolor de su ausencia. Siento una emoción escondida de no poder entender su ausencia, la injusticia de cuando un ser querido ya no está. Y pienso en lo que sería tenerle cerca y poder hablar con él, tener su opinión sobre las cosas de la vida. 

También me he metido en unas web de chicas y apps para ver cómo funcionan, y me he borrado enseguida. La verdad es que no puedo plantearme salir y conocer gente, volver a explicarme, que acepten mi estilo de vida. Menudo lío. Es prácticamente imposible. Pasará. Conoceré a alguien, o volveré con I., pero desde luego no va a funcionar movilizarme. No me gusta escribir sobre este tema aquí, pero si voy a hacer todo lo posible por salir de la depresión, tengo que hablar de todo lo que se pasa por la cabeza. En parte siento vergüenza por hablar de estas cosas, como si alguien fuera a leerme, y la verdad es que en los últimos diez años prácticamente nadie ha leído mis palabras, y la mayoría de ellas se quedarán en el día en que las escribí, tal vez refrescadas una vez más, así que no debería preocuparme en absoluto. 

Ya se hace tarde, debería irme a dormir. Me pregunto si podré dormir o no. Es un buen momento. Estoy más tranquila que antes de empezar a escribir, eso tendría que ser porque escribir es bueno para mí. Me he quedado con lo que escribió Alberto, que las emociones se encuentran en el subconsciente y se gestionan allí. Si es así, ¿cómo acceder a ellas? Seguro que escribir es una manera. La terapia es otra, claro. 

No sé lo que tengo en el subconsciente, pero es una verdadera bomba de relojería. En segundos me pasado de encontrarme más o menos bien a volver a estar revuelta. Vamos a esperar unos minutos más antes de salir de aquí. Creo que mis neurotransmisores pueden variar su modulación en cuestión de segundos. No debería darme tanto miedo, aunque me siento muy vulnerable. No sé si entiendo su funcionamiento, pero está claro que me ayuda expresarme, y eso es lo que voy a hacer. Hace un siglo la gente escribía muchísimas cartas, se comunicaba bastante de esta manera. No sé si había mayor contacto con el subconsciente. La verdad es que estoy bastante cansada. Espero poder dormir. Mañana será otro día. 

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