sábado, 26 de octubre de 2019

Fisura

Vuelvo a seguir escribiendo hoy. Estoy en la búsqueda de mí misma, del potencial que se esconde en este momento. Hace unas horas me ha dado un bajón y me estoy columbiando en él. Tengo el estómago un poco hinchado y me siento incómoda. El té también me ha causado ansiedad. Y debido a esto ya no sé si el CBD me está ayudando o si sirve de algo. Mi falta de fe en el futuro es el resultado directo del bajón. Así que voy a ver si puedo arreglarlo escribiendo aquí durante un rato. 

Esta noche cambia la hora y me gustaría comentárselo a I. por si ella no lo sabe. Pero ella no quiere hablar conmigo, no me ha respondido al último mensaje que le he enviado, y, aunque en parte está algo más sellada esa herida y esta mañana he reflexionado mucho sobre su carácter y comportamiento, ahora el volver a pensar en ella me ha vuelto a afectar. 

Y es que la depresión tiene este efecto de atraparte en un reducido espacio y echarte encima todos los miedos que más te aterran: que no tengas ayuda, que no haya nadie que pueda calmarte y asegurarte de que todo va a ir bien, que el mundo no es un sitio triste y gris. Lo que puedo decir del CBD, si es que es justo atribuirle el punto de recuperación al que me aso, es que me ha devuelto la escritura. Y quiero que me ayude a desmontar todas y cada una de las mentiras de la depresión, sus exageraciones, sus zancadillas. Por lo menos me siento capaz de hablar sobre lo que me pasa. 

Vayamos una a una. 

1. No entiendo por qué I. no quiere hablar conmigo. Yo creo que ella no se esperaba que yo me alejara así. Y está en una etapa de su vida en la que no quiere hablar ni luchar por nada que no sea su total y absoluta tranquilidad, aunque tenga "un precio", como ella misma me ha dicho. El precio es no tenerme, y no puedo rascar suficiente la memoria para acordarme de algún esfuerzo que haya hecho últimamente para luchar por nosotras, porque no ha hecho ninguno. Al hablar de esto siento mucho dolor. No sé si se puede comprimir un duelo, de-construirlo y pasar por ello más rápidamente. Yo quiero a I. y tendría que ser suficiente, esté o no esté conmigo. Quiero lo mejor para ella, y si ella piensa que es mejor estar sola que estar conmigo, debería dejarla tranquila. Ella sí sabe lo que quiere. En este caso no estamos hablando de una injusticia. Yo creo que ella debería hacerme sitio en su vida, cambiar de carácter y disfrutar con el hecho de que yo disfrute con la ayuda y el apoyo que me ella me diera ... Pero en nuestra relación ha habido muy poco de esto porque a I. le cuesta mucho compartir, entregarse, ser tierna. Su sistema mental y fisiológico está en estado de alerta, y si un objetivo no le ayuda a ella a conseguir tranquilidad, lo desecha, no puede involucrarse. Aún así, es normal que la eche de menos, que quisiera verla, hablar con ella, volver a intentar comunicarme, escuchar su punto de vista sobre las cosas. Hay pocas personas con las que puedas estar con las que no te exijas presentarte, hablar de cosas coherentes, a quienes simplemente puedas observar. 

 2. Estoy sola. Sí, es verdad, pero ha habido otros momentos en los que he estado sola y no me he emparanoiado. He tenido espacio para escribir y para expresarme, y no he sufrido por fluctuaciones de mi estado de ánimo. 

3. Soy demasiado mayor para que me quieran, el amor es una aventura para almas más jóvenes. No sé, yo sí que soy capaz de amar ahora y antes. Lo que pasa es que tengo que tener cuidado con quien voy a estar. La persona tiene que ser tierna y generosa, y no todo el mundo es así. Tengo que tener cuidado con el tipo de persona que me atrae. Mi situación actual sin dinero ni un futuro explicable no es un algo que pueda atraer a mucha gente, pero no sé por qué eso no me preocupa tanto como otras cosas. Creo que dentro de unos años podría ser posible estar con alguien, pero debo trabajar duro conmigo primero para conseguir ser feliz sola primero. El mundo es más bonito compartido, pero hay una personita dentro a quien podemos agradar, con quien podemos compartir mucho también. Tal vez la haya dejado de lado en estos años. 

4. No voy a conseguir salir de esto. ¿Estoy segura? Lo que ha cambiado en mí es la disposición que tengo a establecer un diálogo conmigo misma para no desbordarme en emociones que no he expresado. Tengo una intuición de trabajo interior, de no dejarme caer. Creo que escribir es parecido a vivir: una conversación, escucharse, interpelarse, recorrer los bordes, extender las manos, volar cuando haya espacio para hacerlo. 

Lo que hace diferente este momento es que no voy a rendirme. Voy a seguir buscando, voy a expresar lo que me está pasando. Voy a intentar agarrarme a la fisura. 

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