sábado, 26 de octubre de 2019

Reflexiones

Sigo aquí e intento expresar lo que siento. Hoy me siento algo aprensiva de estar aquí, pero me encuentro más activa que otras veces. Estoy pensando mucho en lo que he hablado con Alberto con respecto al tema de mi proceso de identidad traumatizado cuando era niña y adolescente. No hemos profundizado mucho, pero creo que el secreto de todo esto se basa en la posesión del tiempo en solitario, en el trabajo interior, poder vivir sin depender del enjuiciamiento positivo de otra persona, aprender de quien eres, avanzar. En realidad, en lo que se respecta a la creación de una identidad propia y segura sólo puedo trabajar haciéndolo poco a poco, escuchando mi voz interior a medida que se mueve por el espacio, que toma decisiones, que navega por las opciones disponibles, que sortea dificultades. 

Quisiera tener una manera de hacerlo que fuera más intuitiva que mental, y bajar mi nivel de ansiedad va a ayudar mucho a que esto sea así. Cuando el nivel de miedo es alto, los actos que emprendo están empapados por el cuestionamiento. Sin ese temor el día a día es más un arte donde la persona se nutre a sí misma y se interpela en libertad. Y la medida del tiempo es muy diferente, porque ya no está vinculado a la ansiedad ni a la resistencia, sino al ritmo propio de cada acción. Y es posible aplicar atención, pensamiento, observación de forma más pura e independiente. La verdad es que es a eso a lo que aspiro. 

No quiero condicionar mi forma de hacer las cosas y pensar que debo adoptar una actitud meditativa especial. Porque cada vez que fuerzo una mentalidad sobre mis actuaciones me encuentro con que no surge de manera natural. Lo único que sí me quiero plantear es darme cuenta de cómo el miedo condiciona mi comportamiento. Y eso lo haría siendo reflexiva. 




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