domingo, 3 de noviembre de 2019

Ponerme bien

Hoy he contactado con I. y le he pedido que me llame. No sé si lo va a hacer. Quiero normalizar la situación un poco, preguntarle por su vida e intentar entenderla un poco más. Si es honesta y me habla sin miedo, creo que podría ayudarme a avanzar yo también por mi cuenta. Me gustaría preguntarle por su salud, su trabajo, su vida social, y hacerme a la idea de que ella sí navega sin mí y además puede que haya encontrado coherencia entre sus necesidades y su realidad, por lo menos en algún aspecto. 

Yo, por otro lado, sigo muy doliente por no haber podido cuajar en una relación estable todo los propósitos y trabajo que he puesto en los últimos cuatro años. Me pregunto qué hubiera pasado si no me hubiera caído de la bici y hubiera ido a trabajar el 24 de junio. ¿Qué hubiera sido de mi vida? Sin duda todo hubiera sido muy diferente. Pero no creo que I. hubiera cambiado porque ella se está buscando a sí misma en la soledad y en su silencio, y ya había partido en esa dirección hace tiempo. 

Podría haber seguido con ella haciéndome a un lado, sin compartir mi vida con ella, centrándome en mi camino interior, alejada de ella, pero su desamor era monumental, su falta de implicación muy grande, y no había manera de conectar con un caudal fluido de ternura, de cuidados. Yo me estaba desmoronando, y ella no estaba allí. 

No sé si esta forma de hablar de mis emociones hace que sufra más y que me deprima; podría decir que me estaba deprimiendo y que la echaba muchísimo de menos, que no me sentía que me podía apoyar; que sus horarios, actividades, planes, plazos eran frenos, impedimentos para poder compartir un mínimo de intimidad y de cariño. Creo que dos personas que se quieren deben tener un futuro conjunto de planes y sueños. Deben defenderse mutuamente de las inclemencias de la vida, protegerse ante los golpes, las caídas, amortiguar el peso. Con I. yo me sentía muy sola. Ella no estaba al corriente de las preocupaciones de mi día a día, de mis pequeños conflictos, de las cosas que importaban. Ella iba en paralelo circulando por su propia autopista sin involucrarse en nada de lo que a mí me pasaba. 

Tengo el sueño de poder compartir todo ello con otra persona para que el dolor o las dificultades se aligeren. Creo que es posible, no debería rendirme y perder la esperanza de que esto sea posible conseguirlo con otra persona. Aunque ahora sería muy difícil tener una relación con otra chica, pero a veces sí me imagino navegar la vida con alguien que tuviera un pie firme en la existencia, que luchara por aquéllo en lo que cree, que tenga una pasión en la vida que además quiera compartir, que no te aparte de su día a día: cosas sencillas como cocinar, pasar la tarde juntas, dormir. 

Por otro lado, a mí me gustaría poder hacer todas estas cosas sola pero con tranquilidad, para que al compartirlas pueda yo aportar mi vivencia. No sé por qué yo no puedo por ahora conseguir esa tranquilidad. Creo que el sentirme querida es compatible con una vida cotidiana serena. Debería tomarme la vida con la misma naturalidad con la que duermo por las noches. Para dormir no necesito nada, puede ser más o menos fácil caer rendida, pero es algo que mi cuerpo hace por mí. La vida durante el día tendría que tener las mismas cualidades, especialmente ahora que no tengo que preocuparme por dinero durante un tiempo. 

Y más adelante me centraría en buscar un trabajo. Me estresa la idea de dar clases de inglés, pero, si logro conquistar mis miedos, tal vez lo hiciera bien y gustase a la gente. Lo único es que cuando pienso en ser feliz con algo, no necesitaría ser algo muy complicado ni que involucrase a mucha gente para llenarme. De hecho, podría ser un proyecto pequeño que simplemente se me diera bien y en el que pudiera centrarme. Porque lo principal es buscar una manera de mejorar mi salud mental, y después ver cómo puedo formar parte de la sociedad de forma más activa. 

Yo ahora estoy intentando no evitar pensamientos, cuestiones, acciones que me causan daño emocional. No voy a alimentar un come-come negativo, pero tampoco quiero utilizar una estrategia de evitación para todo. Creo que lo principal que estoy evitando, aunque no es de manera ultra directa es ser feliz, estar satisfecha con mi vida, con el día a día. Pero ahora estoy recuperando una energía o estoy empezando a entreverla para simplemente estar aquí, permanecer, no sucumbir, respirar. Es una energía que dice "sí", en vez de decir "no". Es la energía que tengo cuando intento arreglar algo, buscar la manera de que funcione para que se pueda volver a utilizar, para que pueda volver a existir. Y yo misma quiero ponerla en marcha en mí misma. 

Aunque para ello necesito tanto una relación muy íntima conmigo misma como una cierta desconexión. 

No sé qué ha pasado hace un rato al escribir uno de los párrafos anteriores y centrarme en una idea me he sentido muy feliz. Esa sensación efervescente de serenidad feliz me ha sacudido y me ha hecho pensar que existe la esperanza de ponerme bien. Imagino por un minuto qué pasaría si me pusiera a hacer algunas cosas que tengo pendientes en la casa, sólo para jugar un poco con la vida, sólo por ver cómo reacciona mi cerebro a lidiar con ciertas cosas que normalmente no me plantearía. 

Creo que esta reacción la he tenido al pensar en que hubiera una posibilidad verdadera de ponerme bien. 

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