Estoy pensando en las sensaciones y emoción que siento cuando intento hacer algo y no puedo. Quiero nombrar las resistencias que encuentro y que me retraen. Y quiero recordar que estas resistencias son el mensaje calcificado y vivo de mi memoria traumatizada, sellado biológicamente, que dice que haga lo que haga, no habrá diferencia, que nada cambiará; que mis esfuerzos son en vano. Si lavo los platos, por ejemplo, no habrá diferencia, y me surge un mensaje racionalizado que dice que hay que hacerlo todos los días y que nunca me sentiré bien habiéndolo hecho. Pero eso no es cierto. Sí me siento mejor al HACER las cosas.
El mensaje refleja el mismo sentimiento de indefensión que forjé cuando era una niña pequeña que no sabía cómo solucionar una situación, cuando no tuve ayuda para hacer lo que quería hacer, o no me dieron apoyo, o sentí una tremenda ansiedad. También es posible que mi universo emocional sea excesivamente vulnerable y que sufriera más fácilmente.
Ahora sí sé que tengo capacidad de actuación, y las cosas dependen en gran parte de mí, y que la ansiedad puede ser natural y no refleja la imposibilidad del mundo de moverse poco a poco en la dirección adecuada.

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