Aquí estoy, y he tenido una noche muy bonita. En mi sueño trabajaba en un cafelillo y me movía de aquí para allá atendiendo a la gente, y me sentía muy motivada y feliz interactuando con otras personas. Y me he levantado pensando por un lado que la felicidad, la plenitud, el sentirse bien está a la vuelta de la esquina, y por otro que la mente nos lleva a lugarse oscuros pero no son válidos, son generados por nuestra química neurológica y nuestra reactividad psicológica, y que detrás de todo esto se encuentra la posibilidad real y tangible de sentirse bien, serena independientemente de las sirenas de emergencia de la mente que me hacen sentirme afectada por la falta de dopamina y vitalidad.
Ayer continué con la exploración de qué pasa cuando hago algo a pesar de que mi sistema se encuentre completamente en contra de movilizarme y llevarlo adelante. No me he atrevido con grandes cosas, pero me gusta la idea de C. de que cualquier avance es el destello, la prueba de que se está yendo por el camino correcto, y que la luz finalmente iluminará completamente el sendero y conseguiré curarme y tener una mente que puede afrontar los retos, salir adelante, ayudar a mi familia y consolidar su potencial.
Cuando siento una oleada de dolor emocional, reactividad postraumática y miedo retenido en el cerebro, intento pensar en ella como un síntoma de esta enfermedad y no como algo real o con significado. No es algo que yo haya generado de forma voluntaria sino más bien automática. Es un punto de vista respaldado por el ruido emocional y mi neurofisiología, y espero liberarme pronto de ello. Cuando pienso en liberarme quiero decir que habrá una mezcla de mayor tolerancia junto con una menor intensidad de emocionalidad.
Por ahora sigo en la búsqueda de una actividad que me llene, y creo que con ello podría conquistar con mayor facilidad la falta de unidad que sufro ahora.

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