lunes, 24 de septiembre de 2012

Estar


Cuando me llamaron para decirme que mi padre había vuelto al hospital una semana después de haber estado con él en la ambulancia, sujetándole la mano, sintiendo los segundos como horas, y él siguiéndome a todas partes con la mirada, no pude reaccionar. Y el otro día me dijeron que por la noche había estado en estado crítico. Me empecé a preparar para lo peor. Pero cuando fui a verle y me miró con esa cara de dignidad, de vitalidad, de querer decirnos que sólo pasaba por allí pero que iba a volver a casa pronto, algo se desbordó dentro de mí. Menos mal que Septiembre estaba allí para entenderme y sostenerme en pie al salir de la habitación. 

Es verdad: ni él ni yo teníamos por qué estar ahí. 

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