Sigo con los solitarios. Cuando todo encaja, si no has cometido errores, todo termina por salir. Pero si no lo haces bien tienes que volver a empezar; aunque antes de eso te puedes llegar a romper la cabeza intentando encontrar el punto en el que erraste, aquella jugada que se te escapó, o simplemente cómo salir de esta.
Me da la sensación de que mi vida se encuentra en este punto. Sin embargo, muy cerca de mí, en la habitación de al lado se halla el equipo de edición que me podría ayudar a orientarme de nuevo, al igual que este diario, pero ambas cosas me cuesta mucho trabajo mental para alcanzarlas. Me está resultando difícil escribir este blog; sí es cierto que es mucho más fácil que ponerme a crear, de progresar mi visión de mi mundo visualmente mediante mi elegida profesión, las artes audiovisuales, y por eso lo estoy escribiendo ahora. Pero sé que no es exactamente la solución a mis problemas más inmediatos. Necesito una mecha que encienda mi motivación, mis ganas de hacer cosas. Me pregunto si estoy en square one, aunque en el fondo crea que todo ha cambiado porque Papi no está aquí, pero su estrella ilumina todo mi futuro.
He llamado a Septiembre, porque me he dado cuenta de que necesito algo de inspiración, alguien que tal vez me comprenda, aunque incomprensiblemente sea también la persona que más se ha alejado de mí. No responde; tal vez sea la cobertura, tal vez no. Tal vez no responda, tal vez esté con su nueva amante. Ya no me importa nada: con quién esté, qué es lo que pretende. Ahora se trata de mí, de la nueva yo, de la persona que está en la estacada y que sabe que la vida no funciona con desprestigios, con alejamientos, con revanchas, con rechazos. No sé si me debe nada, si me echa de menos. ¿Qué importa? ¿Qué me debería importar? Me he hecho fuerte, y tengo que reunir poco a poco la valentía para seguir, para encontrar el camino, para pisar fuerte, para atraer a la gente a mi lado que podrían comunicarse de manera especial conmigo. Ahora mismo no las encuentro. Es triste pero es así.
Esta es mi rareza: ser incapaz de compartir mi intimidad con las personas que ya están aquí. Lamentablemente las traiciono con pequeños retrasos temporales. Al final no puedo sino compartir mi intimidad más escondida con esa otra gente que pudiera ayudarme con su algo especial que no sé definir y que tal vez comparta ese alma que tengo, que es complicada, que está escondida, que sólo florece en algunas ocasiones.
No es que yo sea especial, ni tal vez rara. Yo soy yo, yo soy como mi padre que floreció tarde, que no encontró su latencia hasta mucho después de que yo hubiera creído en él. Pero lo consiguió, me ganó a su lado, me hice su aliada, le necesité tanto como él a mí. Le limpié la piel, le hice sentirse amado, apoyado, acorazado. Luché contra toda la gente que quería hacerle daño, ignorarle, destruirle a fin de cuentas. Un ser tan luminoso, tan maravilloso, tan escondido durante tantos años, que sin embargo se dio, se entregó, se reveló a tanta gente, aunque no fuese a mí hasta mucho más tarde. La gente a quien ayudó nunca se olvidará de él, de su energía, de su bondad, de su manera de conseguir lo imposible, de convertir panes en peces, de labrar la piedra hasta que diera su fruto. Escondido, misterioso, impenetrable, inseguro pero fuerte, rápido, aplastantemente efectivo. Una persona que te cambia la vida para siempre. Y ahora lo ha hecho conmigo, al fin.
La gente que me conoce tal vez lo sepa, tal vez sospechan o conocen mis ignominias, mis escapadas, mis miedos, mis retrasos, mi nunca llegar, ni nunca aparecer. Cuántas veces me he escondido en mis múltiples fugas. Ni siquiera mis novias han conseguido disolver mis renuncias y referencias en líquidos, en aguas cristalinas, aunque lo intentaron, y yo lo ansiaba profundamente. Pero aún así las amistades que he podido reunir me toleran, me quieren, aunque yo sólo les pueda aportar promesas de seguir su amistad, que no puedo consolidar, que dejo a medio camino. Aunque para ellas el medio recorrer es suficiente tal vez, y no me dejan pasar de largo, me siguen oteando en el horizonte, me creen especial, como un destello, como algo que no pueden ver, que no transluce, pero que existe y que alguna vez revelará su belleza.
A veces sólo les puedo dar esto, lo que escribo; y otras puedo materializar mis peces en panes, mi potencial centelleante, mi manera no atípica de hacer las cosas, mi independencia, mi solidaridad, mi ética implacable aunque a menudo incomprendida. Me quieren así, tal y como me muestro, en alta mar o en la marea baja. ¿Quién sabe? Les inspiro a seguirme aunque al final me permitan volver a mi itinerario deambulante, necesario, mi travesía interminable lejos de mis personas cercanas, mi eterna búsqueda, mis escapadas y largos caminos hacia mí misma y hacia el destino lejano allí donde cuaja y cuartea el alba. Y me ven en el horizonte caminando, revisando las cartografías de los kilómetros de tierra ahead of me.
Lamentablemente es así. Si me pusiera a montar probablemente, a ver, seguramente encontrase la manera de encontrar de nuevo las bases de mí. Pero para eso debería limpiar mi casa, seguir pensando, pero de manera efectiva, recordar rejuveneciendo, porque de eso trata el pendular en el pasado para que no sea eso, nada más que pasado, nada más que un reflejo de ti, pero con ambivalencias, con inseguridades. Pero últimamente no me está resultando nada fácil. Este últimamente tal vez se reduce a unos días en los que las emociones nuevas me pueblan, pero no terminan de asentarse. Dicen que es cuestión de tiempo; efectivamente el tiempo corre su curso, aunque ahora me lleva hacia adelante.
Adónde, no sé, eso está por dilucidar. Probablemente hacia una forma de felicidad, porque la muerte de mi padre no puede ser sin motivo. No entiendo cómo puedo crear esta frase: la muerte de mi padre. Nunca me he podido imaginar lo que significaría esto para mí, por lo que lo rechazo y lo reemplazo por la vida, por la vida hacia adelante, por el nuevo ser que hay en mí, por la paleta de emociones nuevas que ahora me conforman y que no me abandonarán nunca. Se desarrollarán en una nueva manera de actuar, de amar, de recordar, de vivir. Porque efectivamente la muerte de mi padre no ha sido en vano.
Él me inspira a seguir, a luchar, a traspasar, a verme tal como es, esa chica, esa mujer que batalló contra la muerte porque creía en la vida; esa persona que puede acompañar, que puede volver una y otra vez a su esencia, que no es otra que la de crear algo nuevo, de proceder, de actuar, de no darse por vencida, de conseguir que otra persona alcance su porvenir de vida, su ansia de desarrollar su potencial, siempre su potencial.
Aunque me haya salido de la esfera de mí, porque creo que mi(s) almas gemelas harían exactamente eso, romper la maldición del solitario, facilitarme el llegar, el salir, el amar, el comunicar. Estas personas las siento muy lejos, soy incapaz de hacerlo ahora sin ellas, esa es la verdad. La mecha, el encontrar esa carta, esas cartas que rompen con todo, que siguen huellas, que aceleran la marcha, el encajar las piezas, el saberlo todo.


4 Comments:
Que tal un abrazo de esos que sin palabras te hacen sentir que todo estará bien....
:)
Cáceres.
Muchísimas gracias por tu afecto. No te fugues como yo ;-)
Un beso
Efectivamente..."el tiempo"...pero eres Tú quien se cura así mismo a través del tiempo...
Un abrazo.
Cáceres.
Gracias! La verdad es que me he dado cuenta ahora de que necesito más tiempo. Estoy agotada emocionalmente. Voy a chupar los minutos como caramelos :-)
Besos
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