No me puedo permitir el lujo de no escribir. Ayer me fui a la cama a una hora semi decente, y hoy me he levantado pronto, así comienzo a normalizar mis ritmos circadianos, que creo que son los que me están jugando una mala pasada.
Lo siento, pero debo hacer un recuento. No es suficiente con retornar a mi vida antes de la muerte de mi padre, porque con ella hemos muerto un poquito más. Pero una amiga me ha dicho que nunca hay finales, sino separaciones y nuevos principios, y la muerte podría ser igual que la vida o el nacimiento: una experiencia repleta de incógnitas, de trayectos, de ecos fecundos entre la nada. Morir un poquito no es más que seguir viviendo, pero tras un tiránico golpe de ola.
Dentro de las emociones que ahora siento, y tal vez porque estuve con él hasta el final, la rebeldía no es una fuerza que me hace retroceder. Simplemente me rebelo a seguir igual, a hacer como si no hubiera pasado nada, a considerar lo que ha sucedido como una pesadilla, a seleccionar sólo recuerdos bellos para asirme a ellos. Mi forma de existir, de estar en este momento es una transición hacia la vivencia de lo que su vida instigó en su familia, una aceptación del testigo que nos ha entregado, una continuación de ese espacio que ocupan sus cosas.
Tengo sus gafas, las voy a graduar y me las voy a poner; llevo el anillo de oro de su caduceo que compró al comenzar la carrera de medicina, y trabajo en su despacho. No deseo doblegar su presencia a un mero recuerdo. He acarreado durante mucho tiempo de forma imperfecta su impronta. Ahora me invaden momentos de reflexión para entender plenamente en qué consiste. No es una impronta cualquiera. Es la de una familia marcada por la melanina, por el viaje en busca de aventura, por la energía desbordante de quien sabe crear algo donde antes no había nada. Es un destino que florece tardío, que compensa las tristezas pasadas, que recompone el fragmentado recuerdo de mi pasado.
Ahora nos vemos como familia, como unidad, y nos movilizamos alrededor de mi madre con la fuerza de una muralla acorazada. Al ver con mayor claridad lo que supone la ausencia de mi padre, entendemos mejor lo que fue su presencia en nuestra vida, en el lugar donde fraguó su vida.
Cuando voy al cementerio donde él está ahora resulta tan extraño que llueva y su cuerpo forme parte de la atmósfera, de ese ecosistema. Nació tan lejos de allí. El océano que le separa de su isla llora lágrimas que acarician las nuestras.


4 Comments:
Solo una cosita…
Es bueno hablar (escribir), acercarnos a nuestra familia, amigos…te dirán las típicas palabras de alivio, pero… No, no es verdad, siempre duele.
No se puede negar un hecho como la muerte, duele hasta describir lo que vives y muchas veces prefieres ignorar estas vivencias porque el corazón se nos arruga de de tanto dolor. Pasado un tiempo ese dolor se transforma en rabia, en una rabia inexplicable.
No es fácil recuperarse, pasan los días y parece que el dolor en vez de suavizarse se hace más grande, el dolor que pensamos que no se acabará nunca, lo hará, pero muy lentamente, con muchos tropiezos, caemos en la pena una y otra vez y nos volvemos a levantar, porque no se puede vivir sufriendo todo el tiempo.
“Es inevitable extrañar e imposible olvidar, pero debes continuar, y por supuesto, lo puedes superar”
Un abrazo muy, muy grande.
Cáceres.
Tras desarrugar el corazón ... ¿revives?
Gracias por tu narración de este dolor que no quisiste que fuese nunca en vano.
Gracias por decirme que no se puede sufrir todo el tiempo. Seguro que es una imposibilidad cuántica y fisiológica.
Tal vez nos ayude a comenzar a querer, pero esta vez de verdad.
El camino desandado ya no tiene marcha hacia adelante. Ese futuro que nunca tuviste se transforma en una orquídea brillante y suave.
Brillar y brillar y brillar.
Besos y gracias de nuevo por ayudarme con reflejos en el agua :-)
No me des las gracias por escucharte...
Claro que revives… vuelves a vivir la magia, esa que nos abraza y no hace sentir bien…
Puede ser que para el mundo, tú no seas más que alguien, pero para alguien tú eres todo el mundo…
Besos.
Cáceres.
Ah, esto es muy bonito. Un abrazo :-)
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