Ayer cogiste un paquete de café y lo abriste. Después doblaste el borde y las esquinas y prensaste el extremo con una pinza de cierre de plástico, de esas largas y longitudinales que sellan el contenido. Tienes que hacer bastante fuerza con los dedos para que el clip quede cerrado.
A la mañana siguiente te haces un café. Cuando abres el paquete las esquinas y los bordes mantienen la forma del doblez. Sigues teniendo que apretar con fuerza el clip para cerrarlo.
Un día después te haces el café, y antes de guardarlo coges de forma automática, sin pensar, la pinza clip que habías dejado a un lado para dejarlo cerrado. El extremo del paquete parece que cierra a la perfección simplemente con seguir sin esfuerzo la forma del doblez con los dedos. Solamente el clip sigue siendo difícil de cerrar, porque el papel metalizado del paquete de café es algo grueso, y al plegarlo los dos lados de papel que quedan enrollados hacen que el pliegue esté más duro, de forma que la pinza tiene que apretarse con toda la fuerza de tus dedos si quieres que haga clic y se quede cerrado.
Todos los días haces el café. Llega un día en que casi está acabado y hay que agitar el paquete y volcarlo en el filtro, pero evitar que el café molido salte por todas partes. Al acabarse compras uno o más paquetes. Tienes que volver a doblar el borde y las esquinas que se resisten un poco pero finalmente quedan plegadas. Y te preguntas por qué no cambias de pinza o lo pones en un frasco de cristal, porque cada vez que te haces un café tienes que dejarte las yemas de los dedos medio machacadas con ese clip de mierda.

0 Comments:
Post a Comment