martes, 29 de octubre de 2019

Martes

Hoy estoy nerviosa porque estoy esperando que me avisen del local para firmar unos documentos, y no sé si me van a enviar un mensaje en el último momento y voy a tener que salir pitando. Salir a la calle ahora y ver a gente me supone un pequeño esfuerzo, y lo haré si es necesario, pero voy a tener que respirar hondo para sentirme mejor. Una vez en marcha (duchada, arreglada y demás), será más fácil. 

La verdad es que siento ansiedad a nivel somático, y no se termina de resolver. No me vendría mal tomar un Lexatín, que es lo único que me ha funcionado en otras ocasiones (aunque he debido tomar tres pastillas en mi vida), pero no me gusta hacerlo; es como meter un gato enfadado en una bolsa, me siento emparedada. Pero mientras siento esta ansiedad todo mi comportamiento está relacionado con ella, y probablemente no sea justo, porque todos los pensamientos que tengo son en busca de la tranquilidad y para evadirme de esta ansiedad, y si simplemente no la tuviera, tendría otro tipo de devenir mental. 

A lo mejor no se puede evitar, y esto es así. Es como el clima, pero con ropa y calefacción puede solventar su incomodidad, pero el clima mental no sé si se puede obviar. Puedo intentarlo. Intentar llegar a conclusiones, elaborar procesos de pensamiento, etc, sin prestar excesiva atención de las sensaciones físicas que afectan al estado de ánimo. Ser menos reactiva. Vamos a intentarlo. 

Estaba pensando en I. y en cómo me hubiera gustado tener una conversación con ella más tranquila, más sosegada sobre lo que nos estaba pasando. Y querría tenerla con ella. Aunque no sé si ella se atreve a hacerlo, a hablar de sus sentimientos conmigo. Seguro que los ha comentado a su amigo M. o incluso un poco a su hermana, pero no sé por qué no es capaz de hacerlo conmigo. Muchas veces durante nuestro tiempo juntas lo he intentado, pero ella ha dado la conversación como finalizada sin llegar a explicar más que a grandes rasgos lo que quería, y yo que siempre quiero entender las cosas, me he quedado sumida en una gran frustración. No sé si esa conversación la voy a tener en alguna ocasión con ella, yo sí la voy a propiciar. Me interesa I., me importa, quiero que sea feliz, que encuentre su espacio. 

La ruptura con alguien es un evento brutal. El problema que empecé a tener con I. es que la echaba de menos a pesar de estar con ella. No tenía sentido para mí tener una relación íntima con alguien y al mismo tiempo no recibir apoyo emocional en las cosas que me preocupaban o afectaban, pasar tiempo en común para compartir emociones, alimentar la ternura. Cuando estuve en A. algo estaba gestándose y mi cuerpo se llenó de emociones explosivas. Echaba mucho de menos el poder expresar cómo me sentía, recibir apoyo, comprensión, una pequeña tarima en la que desembrollar el lío en el que me encontraba sumida. Y pensar que casi no nos habíamos visto en todas las vacaciones me resultaba algo muy extraño. Ni un solo plan. Nada. Sobre todo a partir de la rotura de clavícula. Ella venía a verme, pero no teníamos intimidad, y como yo no era para ella su compañera sentimental, no hablábamos de planes de futuro; ella estaba sumida en los suyos y yo no formaba parte de ellos. Pero durante los años anteriores ella tampoco quería tener planes especiales conmigo. Pasar tiempo juntas, hacer algo que nos gustara a las dos fuera del marco cerrado de lunes a jueves en el que su trabajo marcaba el ritmo y el estado de ánimo. A I. hablar de sus emociones le cuesta muchísimo y no ha querido hacerlo en profundidad hasta ahora. ¿Lo hará en algún momento?

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